Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Comentario - Eucaristía del
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El día de Dios, es el día de su venida. Es el tiempo en el que vendrá a juzgar a los hombres para hacer triunfar su justicia por sobre los injustos y su misericordia para los buenos.

El día de Dios, es también el día de Cristo, su Hijo. El fin de Jerusalén, el año 70 después de Cristo, será el fin de un mundo. Pero también sucederá el fin del mundo. Guerras y revoluciones, desórdenes políticos y civiles de todo género, no son un género del inminente fin de los tiempos. Solamente son parte de los sucesos permanentes de la historia humana cuando ésta está fermentada por el orgullo de la sed de poder y de la violencia.

En un mundo lleno de problemas y de violencia, no significa que sean los últimos días. En esos tiempos, la vida de la Iglesia estará caracterizada por las persecuciones y las violencias a causa del nombre de Cristo, que permitirán a los fieles tener la ocasión de dar a su Señor un testimonio de fe y de fidelidad. La perseverancia pertenece a la madurez de los creyentes. El miedo y la timidez son extraños al espíritu cristiano que, cuando es auténtico y fervoroso, está al reparo de toda derrota.

La comunidad cristiana no debe vivir en estado de agitación, y el mejor modo de prepararse al fin de los tiempos es cumplir con conciencia cristiana los deberes de cada día.


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