Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Comentario - Eucaristía del
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La Biblia presenta al hombre como creatura de Dios, modelado por Él por amor y animado por su soplo vital. Colocado en un jardín donde todo es orden y armonía, donde el diálogo con Dios es pleno de confianza y de amor.

Con el pecado entra el desorden, es la desconfianza en la Palabra de Dios, es la tentación de querer ser como Dios, definiendo por sí mismo, por medio del conocimiento (la experiencia) el bien y el mal

El resultado es la conciencia de la propia desnudez, la incapacidad de dialogar con Dios y con sus semejantes.

Cristo es conducido por el Espíritu en el desierto. En Él se concentra la fidelidad de Dios. Cristo, en la prueba del desierto se apoya totalmente en la palabra de Dios: “Está escrito”. Cristo surge victorioso de la prueba, es un anticipo de la obediencia incondicional del Hijo amado, primogénito de la nueva humanidad. Jesucristo, el Hijo de Dios, se hace hombre para obedecer la voluntad salvadora del Padre y expiar los pecados del mundo.

Satanás en el desierto intenta seducirlo para que no cumpla la obra redentora según el proyecto de Dios, sugiriéndole llevar a cabo esta misión con prodigios espectaculares y, que conquistando el poder, nada habrían conseguido para tener salvación. Jesús rechaza la tentación y afronta una muerte cruel e infamante.

La Cuaresma es un tiempo de penitencia y participando en la celebración del misterio eucarístico contemplamos y gustamos toda la eficacia del sacrificio del Calvario. En los sacramentos nos acercamos y gustamos de los dones divinos de la salvación.


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