Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Comentario - Eucaristía del
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Hoy comenzamos a escuchar al evangelio de este año: San Marcos y lo primero que nos dice el Maestro enviado por Dios es: "está cerca el Reino de Dios: conviértanse y crean la Buena Noticia". Hay que convertirse, es decir, volverse a Dios, que continuamente nos llama y que espera de nuestra respuesta. Volvernos a Dios y abrirnos hacia él, programar nuestra vida conforme a su programa.

La primera lectura de hoy domingo, nos va preparando para esta actitud de aceptación del plan de Dios: Jonás exhorta a los habitantes de Nínive a la conversión; le escuchan, le hacen caso, desde el Rey hasta el último súbdito, y el pueblo se salva. Dios les perdona.

La conversión como actitud permanente de nuestra vida, es cambiar de dirección en la vida, dejar lo anterior que no conduce a Dios y orientar la vida hacia las cosas de Dios.  La conversión es un proceso que toma la vida entera: trabajo, vida social, estudiantil, universitaria, familiar y amistades, todo es factible de conversión.  No podemos decir que ya nos convertimos y que está todo listo.  Siempre habrá algo que convertir a Dios. No importa la edad, el sexo ni los estudios que tengamos. La conversión es un modo distinto de ver las cosas y de entender la vida, y creer que lo que propone Dios, por medio de su Hijo Jesús, vale la pena; es Evangelio, es decir Buena Noticia para el hombre.

Jesús llama a sus primeros discípulos que "dejaron sus redes y le siguieron".  Escuchan su llamada y su programa de vida y le siguen: poco a poco se van convirtiendo en sus discípulos. ¿Seríamos capaces de seguir el llamado de Jesús? ¿Damos las condiciones como para poder, dentro de tanta bulla, escuchar si Jesús habla, me habla?


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