Evangelio del día
Domingo 26 de Marzo de 2017
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Domingo cuarto de Cuaresma
Salterio IV
Color: morado

Antífona de entrada Cf. Is 66, 10-11

Alégrese, Jerusalén, y que se congreguen cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que reconcilias maravillosamente al género humano por tu Palabra hecha carne; te pedimos que el pueblo cristiano se disponga a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y una entrega generosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

David es ungido rey sobre Israel.

Lectura del primer libro de Samuel     16, 1b. 5b-7. 10-13a

El Señor dijo a Samuel: ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.

Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: Seguro que el Señor tiene ante Él a su ungido.

Pero el Señor dijo a Samuel: No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque Yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.

Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: El Señor no ha elegido a ninguno de éstos.

Entonces Samuel preguntó a Jesé: ¿Están aquí todos los muchachos?

Él respondió: Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño.

Samuel dijo a Jesé: Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.

Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: Levántate y úngelo, porque es éste.

Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

Salmo responsorial     22, 1-6

R/. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.

Segunda lectura

Levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso  5, 8-14

Hermanos:

Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.

Por eso se dice:

Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.

Aclamación al Evangelio   Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la Vida, dice el Señor.

Evangelio

Fue, se lavó y vio.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   9, 1-41

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?

Ni él ni sus padres han pecado, -respondió Jesús-; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.

Debemos trabajar en las obras de Aquél que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: Ve a lavarte a la piscina de Siloé, que significa Enviado.

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?

Unos opinaban: Es el mismo. No, respondían otros, es uno que se le parece.

Él decía: Soy realmente yo.

Ellos le dijeron: ¿Cómo se te han abierto los ojos?

Él respondió: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: “Ve a lavarte a Siloé”. Yo fui, me lavé y vi.

Ellos le preguntaron: ¿Dónde está?

Él respondió: No lo sé.

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.

Él les respondió: Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.

Algunos fariseos decían: Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.

Otros replicaban: ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?

Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? El hombre respondió: Es un profeta.

Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: ¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

Sus padres respondieron: Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.

Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: Tiene bastante edad, pregúntenle a él.

Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.

Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.

Ellos le preguntaron: ¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?

Él les respondió: Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?

Ellos lo injuriaron y le dijeron: ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es éste.

El hombre les respondió: Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.

Ellos le respondieron: Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones? Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: ¿Crees en el Hijo del hombre?

Él respondió: ¿Quién es, Señor, para que crea en Él?

Jesús le dijo: Tú lo has visto: es el que te está hablando.

Entonces él exclamó: Creo, Señor, y se postró ante Él.

Después Jesús agregó: He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.

Los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: ¿Acaso también nosotros somos ciegos? Jesús les respondió: Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece.

Credo.

Oración Universal

Oremos, hermanos, al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su pueblo penitente:

Para que Dios aumente la fe y fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento de la penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.

Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad, y en la fe encuentren aquel descanso que tanto desea su corazón, roguemos al Señor.

Para que Dios conceda su ayuda a los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.

Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.

Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro corazón, no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien abre nuestros ojos a la luz del Espíritu, para que podamos ver a aquel que has enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en él, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.