Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Liturgia del Jueves 03 de Diciembre de 2020
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Jueves de la primera semana de Adviento
San Francisco Javier, presbítero
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Francisco Javier nacido en Navarra (1506-1552) fue uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola. Designado para la misión de las Indias portuguesas, anunció a Cristo en la India, Ceilán, Malucas y Japón. Murió a las puertas de China, ardiendo de pasión por la gloria de Dios y la salvación de los hombres, pasión que hubiera querido comunicar a todos los cristianos.

Antífona de entrada:           Sal 17, 50; 2l, 23 

Te alabaré entre las naciones, Señor, y anunciaré tu Nombre a mis hermanos. 

ORACIÓN COLECTA

Señor y Dios nuestro, que adquiriste para ti numerosos pueblos por la predicación de san Francisco Javier, concédenos su mismo ardor para difundir la fe, y que la santa Iglesia se alegre de ver crecer, en todas partes, el número de sus hijos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

PRIMERA LECTURA

Que entre una nación justa que se mantiene fiel.

Lectura del libro de Isaías      26, 1-6

Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros.

Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel.

Su carácter es firme, y Tú la conservas en paz, porque ella confía en ti.

Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Él doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo.

Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.

SALMO RESPONSORIAL  117, 1. 8-9. 19-21. 25-27a

R/. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos. 

“Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor”. “Ésta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella”. Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y Él nos ilumina. 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO    Is 55, 6

Aleluya.

Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca. Aleluya.

EVANGELIO

El que cumple la voluntad del Padre entrará en el Reino de los Cielos.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     7, 21. 24-27

Jesús dijo a sus discípulos:

No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca.

Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Recibe, Señor, los dones que te presentamos en la festividad de san Francisco Javier, y, así como él partió a continentes lejanos impulsado por el deseo de salvar a los hombres, concédenos que también nosotros, dando testimonio del Evangelio, caminemos hacia ti junto con nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Antífona de comunión         Cf. Mt 10, 27 

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día, dice el Señor; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

El sacramento recibido, Padre, encienda en nosotros la caridad que movió a san Francisco Javier por la salvación de todos los hombres, para que, viviendo más dignamente nuestra vocación, alcancemos con él la recompensa prometida a los servidores fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor.


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