Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Eucaristía del Sábado 8 de Diciembre de 2018
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Sábado de la primera semana de Adviento
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
Solemnidad
Color: blanco

Después de haber consultado largamente a todos los obispos del mundo, el Papa Pío IX definió solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854. Esta formulación oficial no es otra cosa que la explicitación del “sentir de la Iglesia” desde hacía siglos: “La bienaventurada Virgen María fue, desde el primer instante de su concepción, por una gracia y un favor singulares del Dios todopoderoso, en vista de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, preservada de toda mancha del pecado original.”

Antífona de entrada             Cf. Is 61, 10

Desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como una esposa que se adorna con sus joyas.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preservada de todo pecado, preparaste a tu Hijo una digna morada en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo; concédenos, por su intercesión, que también nosotros lleguemos a ti purificados de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

Pondré enemistad entre tu descendencia y la de la mujer.

Lectura del libro del Génesis   3, 9-15. 20

Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?

Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí.

Él replicó: ¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?

El hombre respondió: La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él.

El Señor Dios dijo a la mujer: ¿Cómo hiciste semejante cosa? La mujer respondió: La serpiente me sedujo y comí.

Y el Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.

El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.

SALMO RESPONSORIAL  97, 1-4

R/. Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos.

SEGUNDA LECTURA

Dios nos ha elegido en Cristo, antes de la creación del mundo.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso  1, 3-6. 11-12

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.

En Él, nosotros, los que hemos puesto nuestra esperanza en Él, hemos sido constituidos herederos y destinados de antemano, para ser alabanza de su gloria, según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Cf. Lc 1, 28

Aleluya.

Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres. Aleluya.

EVANGELIO

¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.

María dijo al Ángel: ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?

El Ángel le respondió: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.

María dijo entonces: Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra.

Y el Ángel se alejó.

Credo.

Oración de los fieles

Oremos, hermanos, al Señor, que en María ha empezado el buen trabajo de la santificación de los hombres, y pidámosle que lo haga progresar hasta el día de la manifestación de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor:

Para que el Señor, que quiso prefigurar y culminar en María la plenitud de la gracia, conceda a todos los miembros de la Iglesia ser reflejo de la hermosura inmaculada de la Madre de Jesucristo, roguemos al Señor.

Para que el Espíritu Santo, que engendró en las entrañas de María al Verbo eterno del Padre, impregne el mundo con su fuerza y haga nacer en todos los hombres un vivo deseo de la venida del reino de Dios, roguemos al Señor.

Para que quienes se han alejado del camino del bien, con la intercesión de María, refugio de pecadores, se conviertan de sus malos pasos y obtengan el perdón de sus culpas, roguemos al Señor.-

Para que todos nosotros, fija nuestra mirada en María, nos preparemos como ella a recibir a Jesucristo y nos dispongamos a celebrar santamente las próximas fiestas de su nacimiento, roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que has hecho resplandecer la aurora de la salvación en la concepción inmaculada de santa María Virgen, escucha nuestra oración y haz fecunda la acción santificadora de la Iglesia, para que todos los hombres, una vez alcanzado el perdón de sus pecados, sean regenerados en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, este sacrificio de salvación que te ofrecemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y así como a ella tu gracia la preservó limpia de toda mancha, por su intercesión líbranos de todas las culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

EL MISTERIO DE MARÍA y DE LA IGLESIA

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Tú preservaste a la Virgen María de toda mancha del pecado original y la enriqueciste con la plenitud de tu gracia, preparándola para que fuera la Madre digna de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura.

Purísima debía ser la Virgen que nos diera a tu Hijo, el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, para todos los hombres, es ahora abogada de gracia y modelo de santidad.

Por eso, unidos a los coros de los ángeles, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión

Virgen María, de ti se han dicho maravillas, porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, Dios nuestro, que el sacramento recibido repare en nosotros las consecuencias de aquella culpa de la que preservaste a la Virgen María en su Concepción Inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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