Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Lectio Divina - Preparando la Eucaristía Dominical
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i. PREPARÉMONOS PARA EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR:

Oración inicial:

Iniciamos el encuentro con el Señor, orando con el Salmo 62, 2-9.

Antífona

R/. Aquel día los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Invocación al Espíritu Santo

Espíritu de Dios, llena mi vida,

Llena mi alma, llena mi ser.

Lléname, lléname, con tu presencia,

Lléname, lléname, con tu poder,

Lléname, lléname, con tu bondad.

Espíritu de Dios, sana mi vida.

Espíritu de Dios, guía mi vida

Amén.

ii. OREMOS CON LA PALABRA DE DIOS:

Lectura (Lectio): ¿Qué dice la Palabra?

Al preguntársele por la salvación, Jesús invita a entrar por “la puerta estrecha”, imagen que indica que el camino no es fácil, pero sí, universal, porque Dios quiere que todos se salven.

Texto bíblico: Lc 13, 22-30

MEDITACIÓN (Meditatio): ¿Qué me dice la Palabra?

¿Qué nos sugiere la invitación a entrar por “la puerta estrecha”? ¿Por qué no es fácil vivir hoy los valores del Evangelio? ¿Cómo podemos superar los obstáculos para lograr vivirlos plenamente?

ORACIÓN (Oratio): ¿Qué le digo a Dios con esta Palabra?

Pongámonos en presencia del Señor para pedirle que acojamos Su Palabra y que ella nos fortalezca para vivir de acuerdo con la voluntad del Padre.

CONTEMPLACIÓN (contemplatio): Gusta a Dios internamente en tu corazón.

En diálogo con el Señor, expresemos nuestras dificutades para entrar por “la puerta estrecha” y contemplemos cómo Él enfrentó la incomprensión a Su anuncio del Reino de Dios.

III. PROFUNDICEMOS CON LOS PADRES DE LA IGLESIA.

La esperanza de la tierra nueva

De la Constitución pastoral Gaudium et spes, #39, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano II

Ni conocemos el tiempo de la nueva tierra y de la nueva humanidad, ni sabemos el modo cómo el universo se transformará. Se termina la presentación de este mundo deformado por el pecado, pero sabemos que Dios prepara una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y sobrepasará todos los deseos de paz que brotan en el corazón del hombre. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo y lo que se había sembrado en vileza y corrupción se vestirá de incorrupción y, permaneciendo la caridad y sus frutos, este mundo que Dios creó para el hombre se verá liberado de la esclavitud de la corrupción.

Aunque se nos advierta con toda razón que de nada le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo, sin embargo, la esperanza de la tierra nueva no debe debilitar, al contrario, debe acrecentar nuestro deseo de perfeccionar esta tierra, en la que crece aquella nueva humanidad que presenta ya en sí un vislumbre del mundo futuro. Por eso, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, con todo, este progreso tiene gran importancia para el reino de Dios, por cuanto puede contribuir a una mejor organización de la sociedad humana.

En efecto, los valores de la dignidad humana, de la comunión fraterna y de la libertad, es decir, todos aquellos bienes que son fruto de la misma naturaleza humana o del esfuerzo de los hombres y que nosotros hayamos propagado en la tierra, según el mandato del Señor y por la fuerza de su Espíritu, los volveremos a encontrar, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva a su Padre «el reino eterno y universal, el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz». En esta tierra el reino está ya presente de una manera misteriosa, pero, cuando el Señor vuelva, llegará a su plenitud.

Padre nuestro

Oración

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


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