Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Lectio Divina - Preparando la Eucaristía Dominical
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I. PREPARÉMONOS PARA EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR:

Oración inicial:

Iniciamos el encuentro con el Señor, orando con el Cántico Evangélico

Antífona

El Espíritu Santo bajó del cielo como una paloma y se posó sobre Jesús.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Invocación al Espíritu Santo

Ven a mí, Espíritu Santo,

Espíritu de verdad:

Concédeme llegar al conocimiento de la verdad

En toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo,

Agua viva que lanza a la vida eterna:

Concédeme la gracia de llegar

A contemplar el rostro del Padre

En la vida y en la alegría sin fin.

Amén.

II. OREMOS CON LA PALABRA DE DIOS:

Lectura (Lectio): ¿Qué dice la Palabra?

El Bautista, mandado por Dios a preparar los caminos a Jesús, lo muestra como Cordero de Dios, que rescata al mundo del pecado.

Texto bíblico: Jn 1, 29-34

MEDITACIÓN (Meditatio): ¿Qué me dice la Palabra?

¿Sentimos a Jesús como leberador del pecado y la muerte? ¿Como Juan el Bautista, reconocemos a Jesús como el Hijo de Dios? ¿Compartimos nuestra fe con los que nos rodean?

ORACIÓN (Oratio): ¿Qué le digo a Dios con esta Palabra?

Elevemos al Señor nuestra petición de ser, a pesar de no verlo, testigos de su Palabra.

CONTEMPLACIÓN (contemplatio): Gusta a Dios internamente en tu corazón.

III. PROFUNDICEMOS CON LOS PADRES DE LA IGLESIA.

Dejemos que el Esp De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Efesios.

EN LA CONCORDIA DE LA UNIDAD

Es justo que vosotros glorifiquéis de todas las maneras a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, de modo que, unidos en una perfecta obediencia, sumisos a vuestro obispo y al colegio presbiteral, seáis en todo santificados. No os hablo con autoridad, como si fuera alguien. Pues, aunque estoy encarcelado por el nombre de Cristo, todavía no he llegado a la perfección en Jesucristo. Ahora, precisamente, es cuando empiezo a ser discípulo suyo y os hablo como a mis condiscípulos. Porque lo que necesito más bien es ser fortalecido por vuestra fe, por vuestras exhortaciones, vuestra paciencia, vuestra ecuanimidad. Pero, como el amor que os tengo me obliga a hablaros también acerca de vosotros, por esto me adelanto a exhortaros a que viváis unidos en el sentir de Dios. En efecto, Jesucristo, nuestra vida inseparable, expresa el sentir del Padre, como también los obispos, esparcidos por el mundo, son la expresión del sentir de Jesucristo.

Por esto debéis estar acordes con el sentir de vuestro obispo, como ya lo hacéis. Y en cuanto a vuestro colegio presbiteral, digno de Dios y del nombre que lleva, está armonizado con vuestro obispo como las cuerdas de una lira. Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro, de modo que, por vuestra unión y concordia en el amor, seáis como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que os escuche y os reconozca, por vuestras buenas obras, como miembros de su Hijo. Os conviene, por tanto, manteneros en una unidad perfecta, para que seáis siempre partícipes de Dios.

Si yo, en tan breve espacio de tiempo, contraje con vuestro obispo tal familiaridad, no humana, sino espiritual, ¿cuánto más dichosos debo consideraros a vosotros, que estáis unidos a él como la Iglesia a Jesucristo y como Jesucristo al Padre, resultando así en todo un consentimiento unánime? Nadie se engañe: quien no está unido al altar se priva del pan de Dios. Si tanta fuerza tiene la oración de cada uno en particular, ¿cuánto más la que se hace presidida por el obispo y en unión con toda la Iglesia?

Padre Nuestro

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


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