Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Lectio Divina - Preparando la Eucaristía Dominical
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I. PREPARÉMONOS PARA EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR: 

Oración Inicial:

Iniciamos el encuentro con el Señor, orando con el Salmo 17, 31-51.

Antífona

R/. La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor, él es escudo para los que a él se acogen.

¿Quién es dios fuera del Señor? ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios me ciñe de valor y me enseña un camino perfecto;

él me da pies de ciervo y me coloca en las alturas; él adiestra mis manos para la guerra, y mis brazos para tensar la ballesta.

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo creador,

ven a visitar el corazón

y llena con tu gracia viva y eficaz

nuestras almas, que Tú creaste por amor

Amén. 

II. OREMOS CON LA PALABRA DE DIOS:

LECTURA (Lectio): ¿Qué dice la Palabra? Frente al anuncio del Bautista del bautismo de conversión para el perdón de los pecados, los que lo escuchaban le preguntan qué deben hacer. Juan les especifica que hacer ante cada caso que le presentan.

Texto bíblico: Lc 3, 2b-3. 10-18

MEDITACIÓN (Meditatio): ¿Qué me dice la Palabra? ¿Tenemos conciencia de que el Señor nos pide compartir lo que poseemos? ¿Exigimos demasiado a nuestros hermanos? ¿Buscamos la justicia?

ORACIÓN (Oratio): ¿Qué le digo a Dios con esta Palabra? Pidamos al Señor  que nos regale la sabiduría para discernir lo que Él nos pide en nuestras acciones.

CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): Gusta a Dios internamente en tu corazón. 

Situémonos junto a los que escuchaban a Juan, y tratemos de experimentar en nosotros el impacto de su anuncio.

III. PROFUNDICEMOS CON LOS PADRES DE LA IGLESIA

Del Tratado de San Ireneo, Obispo, contra las herejías

CUANDO VENGA CRISTO, DIOS SERÁ VISTO POR TODOS LOS HOMBRES

Hay un solo Dios, quien por su palabra y sus sabiduría ha hecho y puesto en orden todas las cosas.

Su Palabra, nuestro Señor Jesucristo, en los últimos tiempos se hizo hombre entre los hombres para enlazar el fin con el principio, es decir, el hombre con Dios.

Por eso, los profetas, después de haber recibido de esa misma Palabra el carisma profético, han anunciado de antemano su venida según la carne, mediante la cual se han realizado, como quería el beneplácito del Padre, la unión y comunión de Dios y del hombre. Desde el comienzo, la Palabra había anunciado que Dios sería contemplado por los hombres, que viviría y conversaría con ellos en la tierra, que se haría presente a la criatura por Él modelada para salvarla y ser conocido por ella, y, librándonos de la mano de todos los que nos odian, a saber, de todo espíritu de desobediencia, hacer que le sirvamos con santidad y justicia todos nuestros días, a fin de que, unido al Espíritu de Dios, el hombre viva para gloria del Padre.

Los profetas, pues, anunciaban por anticipado que Dios sería visto por los hombres, conforme a lo que dice también el Señor: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ciertamente, según su grandeza y gloria inenarrable, nadie puede ver a Dios y quedar con vida, pues el Padre es incomprensible.

Sin embargo, según su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia, el Padre llega hasta a conceder a quienes le aman el privilegio de ver a Dios, como profetizaban los profetas, pues lo que el hombre no puede, lo puede Dios.

El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.

Pues, del mismo modo que quienes ven la luz están en la luz y perciben su esplendor, así también los que ven a Dios están en Dios y perciben su esplendor. Ahora bien, la claridad divina es vivificante. Por tanto, los que contemplan a Dios tienen parte en la vida divina.

Padre nuestro

Oración

Concédenos, oh  Dios todopoderoso, que la próxima celebración de la venida de tu Hijo nos traiga los remedios de esta vida y nos conceda las recompensas eternas. Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo.


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