SALUDO

El tiempo ordinario, que también podemos llamar «durante el año», es un tiempo importante en el año litúrgico, pues la Iglesia nos lo presenta como un período de maduración y crecimiento en el camino del discipulado. Es, por lo tanto, un tiempo primordial, sin el cual, nos faltaría la posibilidad de detectar el Misterio de Cristo como un todo y nos sería más difícil integrarlo en el cotidiano de la vida. En efecto, mientras seguimos el curso de año, vamos penetrando en la comprensión del Misterio de Cristo en el transcurso de la vida «ordinaria», así como lo hizo la primera comunidad de discípulos que dejó el Señor.

Si eso es verdad para todos los ciclos dominicales, es aún más evidente en el ciclo en el que estamos, dejándonos llevar por la pluma de san Lucas, quien quizá más que los otros, puso en evidencia la progresiva madurez que el Espíritu Santo iba produciendo en la primera comunidad. Así, durante los domingos de este mes seguiremos con la lectura semicontinua de este evangelio, donde todas las perícopas elegidas están tomadas de la quinta sección de este evangelio, que los estudiosos reúnen bajo el título de la subida a Jerusalén.

En el plano celebrativo, el tiempo ordinario nos desafía – quizá más que en otro tiempo-, a reconocer en los signos habituales que posee la celebración eucarística una irrupción siempre novedosa de la gracia. No se deberá buscar, a mi modo de ver, innovación en los gestos y palabras, pues insisto, es en lo cotidiano – que incluso puede parecer a simple vista, monótono- donde residirá la novedad.

Pero eso no significa dejadez ni descuido por el lenguaje simbólico de nuestras celebraciones. ¡Todo lo contrario! Nos exige hacer lo mejor posible, en la sobriedad esencial de la liturgia, el des-cubrimiento de lo invisible en medio de lo visible, de lo extraordinario en medio de lo ordinario. 

Los días de feria continuamos con la lectura del Evangelio de Mateo, y los textos de las primeras lecturas nos presentan un repertorio bastante variado: secciones tomadas de Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, Primera carta a los corintios, y la primera parte de la carta a los colosenses. Una buena escuela de lectores puede contemplar la asignación de un libro bíblico por cada lector, de modo que cada quien se interiorice de su contenido general, y ejerce su ministerio en la misa de la semana leyendo el texto correspondiente.

Durante este mes celebraremos una de las fiestas más antiguas en honor a la Santísima Virgen María: la solemnidad de la Asunción. Tiene carácter de solemnidad, y es fiesta de precepto, por lo que vale la pena prepararla con esmero.
Durante todo este año estamos celebrando, además del Jubileo de la esperanza, un aniversario importante del concilio de Nicea. De manera excepcional, es una buena oportunidad seguir rezando el «credo largo», facilitándole a la asamblea el texto, para rezar más conscientemente nuestra fe.


Venta de ejemplar impreso:

Ediciones San José
contacto@edicionessanjose.cl
Whatsapp: +56997992727
Oficina: 223028879
Pastoral Litúrgica
Vicaría Episcopal para la Pastoral
Arzobispado de Santiago

Plaza de Armas 444C, Santiago

Teléfonos: 227875693 / 227875691