SALUDO
Marzo 2026
Este mes de marzo será un mes completamente cuaresmal. Ya comenzamos este tiempo la semana pasada, y durante este mes iremos cumpliendo el itinerario que nos llevará hasta las puertas de la Semana Santa, con la celebración del Domingo de Ramos.
Un tiempo bautismal y penitencial
Quizá sea conveniente recordar el marco general donde se inserta este tiempo fuerte del año litúrgico. El concilio vaticano II, bajo el impulso del movimiento litúrgico, quiso recuperar el sentido con el que la Iglesia Antigua había vivido la Cuaresma. Quiso subrayar dos aspectos que debían marcar este tiempo: el carácter bautismal y el penitencial. Ambos aspectos, por lo demás, están íntimamente unidos. Los padres de la Iglesia llamaron a la penitencia «la segunda tabla de la salvación», porque la primera era el bautismo. Pues bien, para alcanzar la meta el concilio proponía un tiempo de intensidad en la escucha de la Palabra y en la oración. Dice así el concilio:
Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la Liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo (SC 109)
Aquí están delineados los rasgos fundamentales: es una preparación oyente y orante tanto de los catecúmenos como de los fieles para la celebración del misterio pascual, haciendo memoria del bautismo (o su preparación en caso de los catecúmenos) y la práctica de la penitencia. Es, por lo tanto, un tiempo de carácter catecumenal (o bautismal) y penitencial.
Un camino hacia la Pascua
De ese modo el concilio quiso superar una mirada solo moralista o ascética, y presenta – esto es muy importante- la vivencia de este tiempo como un camino hacia la Pascua. Superamos así lo meramente ascético y la Cuaresma se convierte en un itinerario mistagógico hacia la participación en el misterio de Cristo muerto y resucitado. El centro ya no es el esfuerzo humano, sino la gracia; el protagonista es Cristo que ofrece un camino de plenitud de vida; así pasamos desde un ejercicio personal hacia una participación en la Pascua de Cristo. Esta es la espiritualidad que propone el último concilio, cuya esencia no es devocional, sino pascual.
Dice la NUALC que este tiempo «está ordenado a la preparación de la Pascua». ¿Cómo se relaciona la Pascua con el camino bautismal? Es que la manera de participar en la historia de Jesús, en su Pascua, es viviendo a fondo el bautismo. Hagan discípulos, les dice Jesús a sus propios discípulos y bautícenlos. Jesús les manda ir a celebrar, y al celebrar, a introducirlos en la dinámica de la Pascua.
Canto cuaresmal
El ciclo A del leccionario, en el que estamos este año, cumple con precisión el deseo del concilio. Es una oportunidad preciosa para ahondar nuestra vocación bautismal.
En el plano celebrativo habrá que recordar que durante la Cuaresma no se dice nunca el Aleluya. Los instrumentos musicales se emplean sólo para sostener el canto. El ayuno del Aleluya nos llevará a celebrar con más entusiasmo el tiempo Pascual.
Esto no quiere decir que el coro tenga un papel menor. Todo lo contrario, es uno de los grandes responsables para que la asamblea perciba desde el primer instante que estamos en un tiempo fuerte, muy distinto y característico. Un buen coro parroquial debería programar con calma todo este período eligiendo bien su repertorio, conversando con el equipo de liturgia.
El buen uso del misal
El Misal trae doce prefacios. Es un repertorio estupendo, si recordamos que antes de la reforma había solo uno. Provienen de fuentes muy antiguas o están inspirados en ellas. Cabe destacar el Prefacio de la Penitencia, que suele olvidarse y es una maravilla y nos trae un lenguaje muy patrístico y al mismo tiempo muy elocuente. En él se alude a la condición humana como un naufragio por el pecado, y se menciona este sacramento como la segunda tabla de salvación, para llegar al puerto de la misericordia y de la paz. Dice que la Iglesia es santa, pero necesitada de penitencia. ¡Es un muy lindo prefacio que vale la pena meditar durante todo el mes!
Se pueden y es muy recomendable para las ferias de Cuaresma que usemos las Plegarias I y II de la Reconciliación. Cuando es Cuaresma, se puede variar el Prefacio de las Plegarias de Reconciliación, y se toman de los prefacios de Cuaresma, o bien, como hemos dicho, el de la Penitencia.
Se puede quitar también el gesto de la paz, porque es un gesto esencialmente pascual. Y así lo recuperamos con más alegría en la Pascua. Los domingos, y en forma facultativa durante los días de la semana, tenemos las oraciones sobre el pueblo, muy recomendadas.
Dos fiestas importantes
Tendremos, como todos los años, dos fiestas importantes: la solemnidad de san José, y la Anunciación del Señor. En esos días será posible cantar Aleluya y Gloria, pues, como indica el Ceremonial de los obispos, prevalecen las prescripciones propias de la celebración (Ceremonial, 355). Los celebrantes deberán intentar contextualizar estas importantes celebraciones insertándolas en el itinerario cuaresmal.
Acciones litúrgicas bien celebradas pueden ayudar a nuestros fieles a vivir más profundamente su fe. Ellos tienen necesidad de cuidar ciertos espacios que les permitan dejar por un momento el ruido, la velocidad, la lógica del consumo, y donde se pueda reconfigurar la propia fisonomía espiritual. Ciertamente, las celebraciones cuaresmales pueden ser un buen antídoto frente al nihilismo contemporáneo y la falta de sentido que vemos por doquier. Con el ayuno y las privaciones voluntarias, en particular, se puede lograr una revalorización del propio cuerpo, pues sustraemos a la persona del goce fácil y vacío.
Nos espera un tiempo en el que cada cual se puede experimentar como recibido por Otro, como «dejándose hacer paulatinamente por Otro», y sintiendo en carne propia cómo la autonomía absoluta es una mala ilusión.
Que este tiempo cuaresmal, vivido expresivamente en la celebración litúrgica, nos prepare para la Pascua y renueve nuestras vidas y la vida de nuestras comunidades.
¡Alabado sea Jesucristo!
Pastoral Litúrgica