SALUDO
Junio 2026
Ya estamos de lleno en el Tiempo «Durante el Año».
Suele pensarse que los otros tiempos litúrgicos son los «fuertes», y el Tiempo Ordinario sería un «tiempo débil». Sin embargo, nadie lo afirma así, porque este tiempo – que también se puede llamar «Durante el año», o «En el transcurso del año»- es tan fuerte como los otros. Ocupa dos tercios del año litúrgico, lo que no es poco, y su nombre evoca persistencia o durabilidad.
Celebrar el Misterio en su plenitud
Recordemos lo que nos dicen las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y Calendario sobre este tiempo:
Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 o 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año».
Este tiempo durante el año es, por lo tanto, el tiempo para celebrar «El Misterio de Cristo en su plenitud».
El sistema de lecturas, con la proclamación continua del Evangelio, engarza perfectamente con el deseo de mostrar el misterio de Cristo en una unidad, la del itinerario de Jesús hacia su Pascua. La presentación global del Misterio de Cristo se presenta no como un cúmulo de verdades sino tal como fue, es decir, como historia.
Celebrar desde la Pascua
La liturgia nos llevará a dar una mirada global al ministerio público de Jesús, desde la perspectiva del Resucitado. En efecto, la Pascua será siempre el motivo central de nuestras celebraciones, y cada domingo contemplaremos el recorrido histórico de Jesús desde la perspectiva de su victoria definitiva sobre la muerte.
En este tiempo, la Iglesia invita a percibir en cada hecho de la vida de Jesús la revelación de todo su misterio. Será, de alguna manera, la contemplación de un microcosmos en el cual podemos vislumbrar la totalidad. Las primeras lecturas contribuyen aún más a esto, toda vez que muestran la vida de Jesús en el contexto más amplio de toda la historia de la salvación.
Ese contexto nos permite reconocer en la vida del Señor el cumplimiento del gran designio divino, la economía de la salvación. Si la articulación de las lecturas evangélicas las encontramos en su «subida a Jerusalén», la lectura del Antiguo Testamento nos permite incluir la vida del Señor en el plan divino de la salvación.
Esta propuesta sintoniza perfectamente con la situación de todos nosotros, que vivimos el normal cotidiano de la vida también como un itinerario progresivo hacia la Pascua definitiva. También la Iglesia recorre su camino hacia la plenitud, en medio de las dificultades de cada tiempo. Pero el «hoy» de la Iglesia se inserta en la historia de la salvación.
Nuestro guía: san Mateo
Quien nos lleva de la mano para contemplar la vida de Jesús este año es san Mateo.
Qué útil es que los encargados de la liturgia, junto a los ministros de la comunidad, pudieran volver a estudiar este Evangelio, identificar sus características, los subrayados de su teología, los destinatarios primarios, y algo de la estructura literaria de la narración. Facilitará la homilía, y las introducciones a las lecturas, si se decide hacerlas.
Algunas comunidades pueden fabricar la sobrecubierta del Evangeliario, y hacer una hermosa encuadernación con el emblema de San Mateo. La figura que lo representa es el hombre, ya que su Evangelio comienza con la genealogía de Jesús, derivando su nacimiento desde Abraham. El Evangeliario podría tener así un revestimiento propio para cada año.
Es un signo magnífico, el de San Mateo, pues nos hace reconocer no solo la divinidad de Jesús, sino también su humanidad. Y, que el camino cristiano asume lo humano, y lo lleva a su plenitud, más allá de todos sus límites.
El camino del discípulo
Nos esperan una treintena de domingos para ir «subiendo con Jesús a Jerusalén», y hacer propio el camino de Cristo, que es el camino de la Iglesia.
En el tramo de este mes, San Mateo nos traerá lo que se suele denominar el «discurso misionero». En efecto, durante el capítulo 10 de este evangelio, que corresponden a los domingos de este mes, se nos narra cómo Jesús, por compasión a la humanidad, elige y envía a los doce apóstoles, les comunica las actitudes adecuadas para la misión, les pone en guardia frente a las dificultades y les habla de las recompensas.
Jesús está haciéndonos participar de su misión. ¡Vamos con Él!
La Carta a los Romanos
Por último, una alusión a la segunda lectura, que como sabemos en el tiempo ordinario no guarda relación alguna con la temática armoniosa entre la primera lectura, el salmo y el Evangelio.
Desde mediados de este mes hasta fines del mes de septiembre nuestra asamblea va a estar escuchando la Carta a los Romanos. Dada su importancia y densidad teológica, merece la atención de la pastoral litúrgica. ¿No será conveniente ofrecer un pequeño curso sobre este escrito tan fundamental?
A los lectores les conviene hacer una lectura continua de ella, para ubicar en el contexto general cada perícopa que deberán leer ante la asamblea. Así no solo se transmiten palabras, sino lo que las palabras quieren decir.
¡Oremos unos por otros!
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.