SALUDO
Mayo 2026
Este mes terminamos el Tiempo Pascual, con su culminación, la solemnidad de Pentecostés.
San Atanasio decía que la cincuentena pascual había que celebrarla como un solo día. ¡Vaya tarea que nos ha dejado! No es nada fácil mantener el vigor jubiloso por tanto tiempo. Pero para eso está la pastoral litúrgica, que nos ayuda e impulsa para que paso a paso vayamos celebrando este gran Misterio.
El Espíritu Santo
Todo el Tiempo Pascual ha sido impregnado por el Espíritu Santo. En el mismo relato de la aparición de Cristo resucitado el segundo domingo de Pascua, que refiere a su aparición en la tarde del primer día de la semana, Jesús dice a sus discípulos: «Reciban el Espíritu Santo». Esa presencia se ha mantenido durante todo este tiempo, pero la volvemos a ver explícita y cada vez más intensa a partir del VI Domingo de Pascua, cuando vamos abriéndonos a la expectativa de su envío.
La vivencia pascual se ha manifestado en el espacio litúrgico principalmente con el Cirio Pascual puesto junto al ambón. La pila bautismal también ha sido destacada.
Y la música nos ha traído todos los días el canto del aleluya, alabanza que comienza en esta tierra, pero que no termina aquí, como muchas cosas de nuestra vida, sino que se prolonga eternamente.
La Vigilia
Tenemos la oportunidad que nos confiere nuestro rito romano de preparar Pentecostés con una Vigilia.
El leccionario propone las lecturas, pese a que los salmos correspondientes ahí indicados hay que buscarlos en el conjunto del Leccionario. La pastoral litúrgica de la parroquia o decanato podría elaborar un subsidio y ofrecerlo a los fieles.
Puede celebrarse con la misa, pero también sólo como vigilia. En todo caso, no intentemos dar a esta vigilia el mismo esplendor de la Vigilia Pascual. El tono ahora es más íntimo, y puede lograrse en cambio, una mayor hondura en una oración más tranquila y contemplativa.
Vale la pena detenerse en las oraciones sálmicas, aquellas que se pronuncian después de cada lectura veterotestamentaria (Lecturas del Antiguo Testamento) y su salmo, que contemplan la profecía desde la experiencia cristiana. Toda una pedagogía de cómo leer el Antiguo Testamento con los ojos del Nuevo.
El Cirio Pascual
El Misal prescribe que acabado el tiempo Pascual se apague el Cirio Pascual.
El signo bien podría hacerse después de cada misa de Pentecostés, o en cada capilla, atendido el hecho de que el signo es hermoso, expresivo, y no hay razón para dejarlo exclusivamente a una porción de la comunidad. Pero hay que hacerlo bien: una breve monición antes de la bendición final; si la comunidad es pequeña, invitar a los fieles a rodear el Cirio; un miembro representativo de la comunidad lo apaga mientras todos oran en silencio.
Ya no tenemos el signo, pero tenemos el Espíritu. Los iluminados ahora somos todos los cristianos.
Luz de Cristo: ¡Demos gracias a Dios!