16 de agosto
XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la Celebración
Todos sabemos que Cristo no dijo: «En esto conocerán quiénes son mis discípulos: en que van a misa todos los domingos». Cierto.
Sin embargo, dijo: «Hagan esto en Memoria mía». En fiel obediencia a ese mandato, la pequeña comunidad primitiva se reunió cada ocho días para experimentar la presencia viva del Resucitado (Cf. Hch 2, 42). Y desde esos primeros tiempos, la Iglesia lo sigue haciendo igual hasta nuestros días.
Es en la celebración eucarística cuando la palabra divina se hace actual. Aquí es cuando experimentamos el sabor de la unión fraterna, cuando se rompe el pan como signo de la ofrenda de Cristo. Todo ello le confiere un valor fundamental y la comunidad que lo comprende, lejos de quedarse encerrada en sí misma, se ve impulsada a hacer de la vida una ofrenda para los demás (Cf. Rm 12,1-2).
Por eso, como se dijo en los primeros tiempos de la cristiandad: «Sin el domingo, no podemos vivir».
Cristo Médico Universal
A medida que vamos avanzando en la lectura del evangelio de san Mateo, vamos descubriendo rasgos esenciales en la identidad de Jesús. Hoy se nos presenta como un médico cuya medicina no está restringida a un cierto tipo de personas, sino a eficaz para todos, siempre y cuando se confíe en él.
En efecto, la lectura del Evangelio nos presenta a un Jesús que es «médico universal», pues ofrece la salvación no sólo a los hijos de Israel, sino a toda persona que decida creer en Él, aun cuando no pertenezca al pueblo elegido.
El lector de lectura de Isaías debe imprimir un tono de expectativa entusiasta a su lectura. Ese mensaje era toda una novedad en tiempos del profeta. Debe serlo para nosotros también. Ese mismo estilo debe emplearse para el salmo, que es una invitación a todas las naciones del mundo a dar gracias y cantar con alegría.
Comunidades abiertas
Dios halla las formas para llegar a aquellos que puedan sentirse lejos de Él. Sus caminos superan nuestras proyecciones. El Concilio Vaticano II dijo: «El Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual» (GS 22.
La comunidad cristiana que ha madurado en la fe cree de verdad que Dios actúa más allá de ella. Con todo, debe estar atenta para recibir a quienes, habiendo encontrado al Señor, se acercan a ella y quieren compartir la celebración de la Eucaristía. Hagamos realidad la catolicidad de cada comunidad.
El cuerpo también celebra
Continuamente vemos a Jesús que se detiene a curar algún enfermo. El Evangelio está lleno de la acción taumatúrgica del Señor. Es que el cuerpo físico es importante, no solo para nosotros, sino también para Dios.
Por eso, cuando nos reunimos a celebrar la Misa, también nuestro cuerpo está llamado a participar. La liturgia no implica solo a la mente. O sólo al oído para escuchar, o solo a los ojos para ver. También el cuerpo quiere celebrar, y por eso en la celebración lo hacemos participar en distintas posiciones corporales. De pie, sentados, de rodillas, con la cabeza inclinada. O con gestos, como golpear el pecho, hacer una genuflexión, mirar la hostia consagrada, caminar en procesión, etc.
Tradicionalmente los diáconos tenían la misión de educar a los fieles en la realización de los gestos. «Arrodíllense», «inclinen la cabeza para recibir la bendición», y otras admoniciones, permitían antiguamente al pueblo de Dios entender que no se oraba sólo con la mente, sino también con el cuerpo. ¿Quién lo hace en tu comunidad?
¡Bendigamos al Señor!
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Antífona de entrada Cf. Sal 83, 10-11
Señor, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en otra parte.
Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Conduciré a los extranjeros hasta mi santa Montaña
Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7
Así habla el Señor:
Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia. Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, Yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 66, 2-3. 5-6. 8
R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor!
El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.
Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. R.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.
Los dones y el llamado de Dios a Israel son irrevocables
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 13-15. 29-32
Hermanos:
A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida? Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia.
De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ahora ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.
Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt 4, 23
Aleluya. Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino y sanaba todas las dolencias de la gente. Aleluya.
EVANGELIO
Mujer, ¡qué grande es tu fe!
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 21-28
Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada.
Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.
Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.
Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”
Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.
Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”.
Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” Y en ese momento su hija quedó sana.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN UNIVERSAL
S. Llenos de confianza por el mensaje de esperanza que hemos escuchado, elevemos nuestras súplicas al Señor.
Por la Iglesia católica presente en los cinco continentes, para que tengamos siempre abiertas las puertas a todos los que buscan la verdad y bondad de Dios, roguemos al Señor.
Por las autoridades y gobernantes, para que promuevan el diálogo para crear sociedades más justas e inclusivas, donde nadie sea excluido por su origen o condición, roguemos al Señor.
Por los que sufren y los enfermos, para que, como la mujer cananea, perseveren con fe en medio de sus dificultades y experimenten la compasión de Cristo que sana y libera, roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, para que podamos crecer en la fe, para que con humildad seamos capaces de vivir con espíritu de acogida todo don que viene de lo alto, roguemos al Señor.
S. Toma, Señor, nuestras intenciones, las que llevaremos ante el altar, confiados en tu bondad y misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, nuestra ofrenda, en la cual se realiza un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que nos diste, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Sal 129, 7
En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.
O bien: Cf. Jn 6, 51
Dice el Señor: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor y Padre nuestro, unidos a Cristo por este sacramento, imploramos humildemente tu misericordia, para que, hechos semejantes a Él en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el cielo. Que vive y reina por los siglos de los siglos