Área de Liturgia y Espiritualidad  -  Delegación para la Evangelización
Ordinario de la Misa
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Tiempo «durante el año»

El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.

O bien: 

La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, esté con todos ustedes. 

O bien: 

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos llena con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes. 

O bien: 

Queridos hermanos: «que Dios los llene de alegría y de paz en la fe» y que el Espíritu esté constantemente con ustedes. 

 

Acto Penitencial

ACTO PENITENCIAL

1

Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados. 

O bien: 

El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios. 

O bien: 

Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores. 

O bien: 

Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor. 

O bien: 

Pidamos perdón a Dios de todo corazón. 

2

Señor, ten misericordia de nosotros. 

R/. Porque hemos pecado contra ti. 

Muéstranos, Señor, tu misericordia. 

R/. Y danos tu salvación. 

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 

R/. Amén. 

3

Tiempo «durante el Año»

M. Tú que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

M. Tú que eres la verdad que ilumina a los pueblos: Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

M. Tú que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

 

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. 

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. 

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

(Ver propio del día)

Primera lectura

Salmo

Segunda lectura (Solo domingos, fiestas, o solemnidades)

Evangelio

CREDO (Solo domingos y solemnidades)

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

 

Presentación de los dones


Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

R/. Bendito seas por siempre, Señor.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

R/. Bendito seas por siempre, Señor.

Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:
Oremos, hermanos, para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

R/. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

PREFACIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES I

El martirio como signo y ejemplo

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque la sangre del mártir san N., derramada, como la de Cristo, para confesar tu nombre, manifiesta la acción admirable con que tú robusteces nuestra debilidad, y demuestras que a partir de nuestra fragilidad podemos llegar a ser testigos de Cristo, Señor nuestro.

Por eso, unidos a los coros de los ángeles,  te aclamamos en la tierra, cantando sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I

La maternidad de Santa María Virgen

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

 
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la (***) de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo, y sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.

Por eso, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces,  cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO I

El misterio pascual nos hace pueblo de Dios

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Él mismo, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del pecado y de la muerte a la gloria de constituir una raza elegida, un reino sacerdotal, una nación santa, un pueblo de su propiedad, para que, llevados de las tinieblas a tu luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.

Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO II

El plan divino de la salvación


 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Él mismo se compadeció del pecado de los hombres y quiso nacer de la Virgen; murió en la cruz para liberarnos de la muerte  y resucitó del sepulcro para darnos la Vida eterna.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO III

El hombre salvado por el hombre

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:

Porque reconocemos como obra de tu poder admirable haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, y haber provisto el remedio en la misma debilidad humana; así donde estuvo nuestra ruina obraste nuestra salvación, por Jesucristo, Señor nuestro.

Por Él, adoran tu grandeza los ángeles que se alegran eternamente en tu presencia.
Permítenos asociarnos a sus voces, cantando alegremente:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo. 


 

PREFACIO DE LOS APÓSTOLES I

Los apóstoles, pastores del Pueblo de Dios

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.  

Tú nunca abandonas a tu rebaño, Pastor eterno, sino que lo proteges y conservas siempre 
por medio de los santos Apóstoles, y quieres que sea conducido por aquellos mismos pastores
a quienes tu Hijo confió la misión de continuar su obra.

Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO

 

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa León, con nuestro Obispo N., y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

 

Conmemoración de los vivos

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

 

Conmemoración de los santos

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

 

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

 

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

 

Él mismo, la víspera de su pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena; tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

 

O bien:

Este es el Misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Por eso, Padre, nosotros, tus servidores, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

 

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén)

 

Conmemoración de los difuntos

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

 

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén)

 

Y a nosotros, pecadores, servidores tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro. Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.


 

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

 

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu

 

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

 

Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

 

Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

 

Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo:

Santo, Santo, Santo…

 

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

 

Él mismo, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.


 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Este es el misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

 

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa León, con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

 

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.


 

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

 

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

 

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Este es el Misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

 

Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

 

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa León, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

 

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

 

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. R/. Amén.



 

PLEGARIA EUCARÍSTICA IV

 

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu

 

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro glorificarte, Padre santo, porque tú eres el único Dios vivo y verdadero, que existes desde siempre y vives para siempre, luz sobre toda luz.

 

Porque tú sólo eres bueno y la fuente de la vida, hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria.

 

Por eso, innumerables ángeles en tu presencia, contemplando la gloria de tu rostro, te sirven siempre y te glorifican sin cesar.

 

Y con ellos también nosotros, llenos de alegría, y por nuestra voz, las demás criaturas, aclamamos tu nombre cantando:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

 

Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado.

 

Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.

 

Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu Único Hijo. Él se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.


 

Y a fin de que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, y así santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.

 

Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor, y así celebremos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna.

 

Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:

 

TOMEN  Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES

 

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno del fruto de la vid, te dio gracias y lo pasó a

sus discípulos, diciendo:



 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Misterio de la fe.

 

O bien:

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.

 

Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia, y concede a cuantos compartimos este Pan y este Cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria.

 

Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa León, de nuestro Obispo N., del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos, de todo tu pueblo santo y de aquellos que te buscan con sincero corazón.

 

Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.

 

Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos en tu Reino, con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo San José, con los apóstoles y los santos; y allí, junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén

 

RITO DE LA COMUNIÓN

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz les dejo, mi paz les doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R/. Amén

 

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

R/. Y con tu espíritu.

 

Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión fraterna.

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

R/. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

 

El Cuerpo de Cristo.

R/. Amén.


 

Antífona de comunión

(Ver propio del día)

Haz, Señor, 

que recibamos con un corazón limpio 

el alimento que acabamos de tomar,

y que el don que nos haces en esta vida

nos aproveche para la eterna.

 

Oración después de la comunión

(Ver propio del día)

 

RITO DE DESPEDIDA

BENDICIONES SOLEMNES

Durante el año, I

Que el Señor los bendiga y los proteja. 

R. Amén.

Haga brillar su rostro sobre ustedes y les otorgue su misericordia. 

R. Amén.

Vuelva su mirada hacia ustedes y les conceda la paz. 

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. 

 

Durante el año, II

La paz de Dios, 

que supera todo lo que podemos pensar, 

custodie sus corazones y sus pensamientos, 

en el conocimiento y en el amor de Dios 

y de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. 

 

R. Amén

Y la bendición de Dios todopoderoso, 

del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, 

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. 

 

R. Amén

 

Durante el año, III

El Señor todopoderoso los bendiga con su misericordia

E infunda en sus corazones la sabiduría eterna. 

R. Amén

Él aumente en ustedes la fe

Y les dé la perseverancia en el bien obrar. 

R. Amén

Él dirija hacia sí los pasos de ustedes

Y les muestre el camino de la paz y del amor. 

R. Amén

Y la bendición de Dios todopoderoso, 

del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, 

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

 

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