Área de Liturgia y Espiritualidad

SALUDO

Noviembre 2026

Todavía no termina el año, vamos a comenzar el Mes de María, y ya el comercio nos invade con toda clase de recuerdos de Navidad. Los que vivimos con seriedad el Año litúrgico debemos esforzarnos para no distraernos, de tal modo de vivir cada tiempo en su respectivo momento, hondamente, y sin prisa. Cada cosa a su tiempo, y eso nos permitirá lograr una vida cristiana sana y equilibrada. 

Todos los santos y Difuntos

Comenzamos el mes con la solemnidad de Todos los Santos, que este año cae en domingo. Será ocasión propicia para apreciar todo lo que el Espíritu Santo ha logrado en personas de carne y hueso, como todos nosotros, pero que ha respondido con fe y generosidad. 

Al día siguiente, tendremos la conmemoración de todos los difuntos. Es ocasión para colocar el Cirio Pascual al centro de la nave, a cuyo pie se podría poner la nómina de los difuntos por los cuales la comunidad quisiera orar en esa ocasión. 

Algunas comunidades mantienen abierta la iglesia durante todo el día con el cirio encendido, de tal modo que sea un recuerdo permanente de la oración por nuestros seres queridos que cuentan con nuestra oración por ellos. 

Una mirada hacia atrás y otra hacia adelante

El mes de noviembre está marcado por la visión escatológica, el fin de la historia, su culminación. Por eso el año litúrgico termina con la solemnidad de Cristo Rey. Si miramos el año retrospectivamente, en los primeros domingos del Tiempo Ordinario san Mateo nos llevó a escuchar el primer anuncio de Jesús, para invitarnos a acoger su llamada, no individualmente tan solo, sino como Iglesia. Luego fuimos aprendiendo a conocer la naturaleza del Reino anunciado, por medio de las parábolas, convirtiéndonos también nosotros en partícipes de la misión de Jesús. En esos domingos nos dejamos inspirar por la valentía de quien debe anunciar la salvación, y se nos invitó a cuidar con amor las relaciones que se generan al interior de la comunidad. 

En este, que es el último tramo, san Mateo nos invita a levantar la mirada hacia el futuro. El Reino anunciado y realizado en Cristo finalmente se instaurará plenamente. Por eso hay que avizorar el fin de los tiempos con una mirada llena de esperanza, pues al final Cristo vence y le entrega el mundo redimido a quien le pertenece: al Padre eterno. Por eso Jesucristo merece el título de Rey del universo. 

El Apocalipsis

Durante la segunda parte del mes, la misa ferial nos traerá fragmentos del último libro de la Sagrada Escritura. Es un libro que siempre ha suscitado una enorme curiosidad en el pueblo cristiano. 

Leer este texto con más detención puede servir al presbítero que preside la misa semanal un hilo sobre el cual desarrollar las breves homilías en los días de la semana. Temas fundamentales que irán saliendo: la soberanía absoluta de Dios, la victoria de Cristo, la lucha entre el poder del mal y el bien, el juicio, la redención definitiva. 

El tiempo de Adviento

Después de la celebración de Cristo Rey del universo, al final del mes, la Iglesia inicia un año nuevo. Lo hace con el ciclo de Navidad y Epifanía, y su peculiar preparación de cuatro semanas, el Adviento. 

Aunque hemos dicho que no hay que adelantarse, el equipo de liturgia debe prever lo que vamos a necesitar para hacer más expresivo este tiempo: buscar la corona de adviento, limpiarla, buscar los cirios adecuados, prever los adornos de flores, etc. A veces conviene evaluar si no sería mejor fabricar otra corona, si ésta ya no está en condiciones.  Hacerlo con tiempo. 

Deberíamos prever también lo que tiene que ver con la música litúrgica. Desde ya habría que hablar con quienes sirven en la pastoral litúrgica animando el coro parroquial, proponiendo algunos temas más adecuados para ese tiempo. 

Mes de María

Este tramo final del año lo hacemos en compañía de la Virgen, pues el Mes de María constituye un espacio importante en la piedad popular, un espacio que hay que saber cuidar y alentar. 

Como se ha señalado en otras ocasiones, la recomendación fundamental es no introducir la celebración del mes de María «dentro» de la celebración de la Eucaristía. Creemos que es mejor ubicarla antes, o bien, inmediatamente después de ella. Lo ideal es hacerlo después, atendiendo la tradición del rito romano que contempla un momento mariano al final de la eucaristía de cada día, con el tradicional canto a la Virgen. 

Los equipos de pastoral tendrán que velar por que sea un momento significativo, pero no una duplicación de lo ya celebrado, o peor, una liturgia paralela, habida cuenta de que probablemente los participantes en el mes de María son los mismos que han celebrado la Eucaristía. 

Gestos tan sencillos como hacer una breve procesión hacia la imagen venerada en la comunidad, adornada especialmente con las flores primaverales, mientras se canta un himno mariano; una breve monición del ministro; quizá la presentación de una intención preparada por distintos grupos de la pastoral; un momento de silencio y la oración del Mes pueden satisfacer perfectamente el deseo de los fieles. Y por supuesto, no hay que olvidar nunca el canto a la Virgen, al final de ese momento celebrativo. 

¡Feliz fin del año litúrgico y sea bienvenida la esperanza del Adviento!

 

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