Área de Liturgia y Espiritualidad


Ordinario de la Misa
- A
+ A

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

R/. Amén. 

+

Tiempo Pascual

El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

O bien:

Bendito sea Dios, que en su gran misericordia nos hizo renacer por la Resurrección de Jesucristo; que su gracia salvadora esté siempre con ustedes.

O bien:

Hemos resucitado con Jesús; que la esperanza de ser glorificados con él acreciente nuestra alegría y permanezca constantemente con ustedes.

O bien:

Que el gozo y la paz de nuestro Buen Pastor resucitado nos acompañe en esta celebración, y estén con cada uno de ustedes.

+

Acto Penitencial

 

En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

Se hace una breve pausa de silencio

M. Tú que al resucitar renuevas todas las cosas: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

M. Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

M. Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

+

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. 

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. 

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

Primera lectura

Salmo

Segunda lectura (Sólo domingos, fiestas o solemnidades)

Evangelio

Homilia

Credo (Sólo domingos y solemnidades)

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.

 

PRESENTACIÓN DE LOS DONES

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

R/. Bendito seas por siempre, Señor.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

R/. Bendito seas por siempre, Señor.

Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:

En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:

Oremos, hermanos, para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

R/. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para

alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de

toda su santa Iglesia.

 

PREFACIO DE PASCUA V

Cristo, sacerdote y víctima

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación  glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Por la ofrenda de su Cuerpo realizada en la cruz,  él llevó a su plenitud 
los sacrificios de la antigua alianza y al entregarse a ti, Padre, para salvarnos,  se hizo por nosotros sacerdote, altar y víctima.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero está llamado a la alegría  con los ángeles y los arcángeles  que cantan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: 

 

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO PARA DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

La espera del Espíritu Santo

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra,
se unan en tu alabanza, Dios todopoderoso y eterno,
por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo. 

 
Él mismo, habiendo entrado en el santuario del cielo una vez para siempre, intercede ahora por nosotros como mediador que asegura la perpetua efusión del Espíritu.

 

Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

Por este misterio de santificación y de amor, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I

La maternidad de Santa María Virgen

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

 
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la (***) de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo, y sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna,
Jesucristo, Señor nuestro.

Por eso, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces,  cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo. 

 

PREFACIO DE LOS APÓSTOLES II

El fundamento y el testimonio apostólico

 

Este prefacio se dice en las Misas de los Apóstoles y los Evangelistas.

 

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque quisiste edificar tu Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles, para que ella permaneciera siempre en la tierra como el signo de tu santidad y anunciara a todos los hombres  el camino que nos lleva al cielo.

Por eso, con los ángeles, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo. 

PREFACIO DE LOS SANTOS I

La gloria de los Santos

V.    El Señor esté con ustedes
R.    Y con tu espíritu.
V.    Levantemos el corazón.
R.    Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.    Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Tú eres celebrado en la asamblea de los santos y al coronar sus méritos coronas tus propios dones; nos das el ejemplo de su vida, la comunión en la unidad y la ayuda de su intercesión
para que, animados por su presencia, lleguemos victoriosos a la eternidad deseada,  y recibamos con ellos la corona incorruptible de la gloria, por Jesucristo, Señor nuestro.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y unidos con todos los santos cantamos sin cesar el himno de tu gloria:


Santo, Santo, Santo es el Señor,Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa León, con nuestro Obispo N., y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

 

Conmemoración de los vivos

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N. y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

 

Conmemoración de los santos

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, (Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián) y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

 

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)

 

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

 

Él mismo, la víspera de su pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena; tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Este es el Sacramento de nuestra fe.

 

O bien:

Este es el Misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Por eso, Padre, nosotros, tus servidores, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

 

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén)

 

Conmemoración de los difuntos

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

 

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. (Por Cristo, nuestro Señor. Amén)

 

Y a nosotros, pecadores, servidores tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro. Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.




 

PLEGARIA EUCARÍSTICA II

 

El Señor esté con ustedes.

R/. Y con tu espíritu

 

Levantemos el corazón.

R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R/. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

 

Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

 

Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

 

Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo:

Santo, Santo, Santo…

 

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

 

Él mismo, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.


 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Este es el misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

 

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa León, con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

 

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.


 

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

 

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

 

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Este es el Misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

 

Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

 

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa León, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

 

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

 

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. R/. Amén.



 

Rito de Comunión

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz les dejo, mi paz les doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R/. Amén

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

R/. Y con tu espíritu.

Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión fraterna.

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

R/. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El Cuerpo de Cristo.

R/. Amén.

Antífona de comunión

(Ver propio del día)

Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.

Oración después de la comunión.  (Ver propio del día)

Bendiciones solemnes

 

Tiempo Pascual

Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición. 

R. Amén.

Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.

R. Amén.

Y ustedes, resucitados con Él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo X y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. 

R. Amén.

+

Ascensión del Señor

Dios todopoderoso los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo y les abrió la entrada de la gloria para llegar a estar junto a él.

R. Amén.

Cristo, que se apareció a sus discípulos después de su Resurrección, se manifieste también a ustedes lleno de misericordia, cuando venga para el juicio final.

R. Amén.

Y al proclamarlo glorioso junto al Padre, les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo X y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

+

 

Espíritu Santo

Dios, Padre y fuente de toda luz, que iluminó los corazones de los discípulos derramando en ellos el Espíritu Santo, los bendiga y les conceda la abundancia de sus dones.

R. Amén.

El fuego admirable que apareció sobre los discípulos purifique los corazones de ustedes de todo mal y los ilumine con su luz.

R. Amén.

El Espíritu, que por la proclamación de una misma fe reunió a los pueblos de diferentes lenguas, los haga perseverar en esa misma fe y llegar, gracias a ella, a la visión que esperan.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo X y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

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