Área de Liturgia y Espiritualidad


Ordinario de la Misa
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Ritos iniciales

Tiempo «durante el año»

El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.

O bien:

La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, esté con todos ustedes.

O bien:

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos llena con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes.

O bien:

Queridos hermanos: «que Dios los llene de alegría y de paz en la fe» y que el Espíritu esté constantemente con ustedes.

Acto Penitencial

ACTO PENITENCIAL

1

Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

O bien:

El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

O bien:

Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.

O bien:

Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

O bien:

Pidamos perdón a Dios de todo corazón.

2

Señor, ten misericordia de nosotros.

R. Porque hemos pecado contra ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Y danos tu salvación.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

+

M. Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

M. Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

M. Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

+

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

(Ver propio del día)

Primera lectura

Salmo

Segunda lectura (Solo domingos, fiestas, o solemnidades)

Evangelio

CREDO (Solo domingos y solemnidades)

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

 

Presentación de los dones


Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.

O bien:
Oremos, hermanos, para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

R. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

 

PREFACIO DE LOS APÓSTOLES II

El fundamento y el testimonio apostólico

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque quisiste edificar tu Iglesia
sobre el fundamento de los Apóstoles,
para que ella permaneciera siempre en la tierra
como el signo de tu santidad
y anunciara a todos los hombres
el camino que nos lleva al cielo.

Por eso, con los ángeles,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO IV

La historia de la salvación

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Con su nacimiento restauró nuestra naturaleza,
con su muerte destruyó nuestros pecados,
al resucitar nos dio nueva vida
y nos abrió las puertas del cielo
cuando volvió junto a ti, Padre.

Por eso, unidos a los coros de los ángeles y los santos,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO V

La creación

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tú creaste cuanto existe en el mundo
y estableciste el curso y la variedad de los tiempos;
formaste al hombre a tu imagen
y sometiste a su poder las maravillas del universo,
para que en nombre tuyo dominara la creación
y te alabara constantemente por tus obras,
por Cristo, Señor nuestro.

Por eso te alabamos con los ángeles y los arcángeles
proclamando sin cesar con alegría:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO VI

El anticipo de la Pascua eterna

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

En ti vivimos, nos movemos y existimos,
y mientras peregrinamos en este mundo,
no sólo experimentamos cada día las pruebas de tu amor,
sino que poseemos desde ahora el anticipo de la eternidad.
Así, habiendo recibido las primicias del Espíritu
por quien resucitaste a Jesús de entre los muertos,
esperamos gozar eternamente de la Pascua.

Por eso, te alabamos con todos los ángeles
y proclamamos tu gloria con alegría, diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

PREFACIO DE LOS DOMINGOS DURANTE EL AÑO VII

La salvación, fruto de la obediencia de Cristo

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tu amor por el mundo fue tan misericordioso
que nos enviaste como Redentor a tu propio Hijo,
y quisiste que él fuera en todo semejante al hombre
menos en el pecado,
para amar en nosotros lo mismo que amabas en él;
con su obediencia filial recuperamos tus dones
que la desobediencia del pecado nos hizo perder.

Por eso, unidos a los coros de los ángeles y los santos,
cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA II

La Iglesia alaba a Dios con las palabras de María

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
Señor, Padre santo,
reconocer tu grandeza en la perfección de los santos,
y proclamar especialmente tu inmensa bondad
al conmemorar a la Santísima Virgen María.

Porque tú realizaste grandes cosas en el mundo
y diste pruebas de tu infinita misericordia
cuando miraste la pequeñez de tu servidora,
y por medio de ella,
nos diste al autor de nuestra salvación,
Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.

Por él, adoran tu grandeza
todos los ángeles que se alegran en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces,
cantando con el mismo entusiasmo:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 


 

PREFACIO DE LOS SANTOS II

La acción de los Santos

 

V.         El Señor esté con ustedes.
R.         Y con tu espíritu.
V.         Levantemos el corazón.
R.         Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V.         Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.         Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Con el testimonio admirable de tus santos,
fecundas a tu Iglesia con nueva vitalidad
y nos das pruebas evidentes de tu amor.
El ejemplo de los santos nos anima
y su intercesión nos acompaña siempre
para alcanzar el misterio de la salvación.

Por eso, nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y los santos:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

 

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

 

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Este es el Misterio de la fe.

R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

 

Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y los mártires, (san N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

 

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa León, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

 

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

 

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. R. Amén.



 

PLEGARIA EUCARÍSTICA IV

 

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu

 

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro glorificarte, Padre santo, porque tú eres el único Dios vivo y verdadero, que existes desde siempre y vives para siempre, luz sobre toda luz.

 

Porque tú sólo eres bueno y la fuente de la vida, hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria.

 

Por eso, innumerables ángeles en tu presencia, contemplando la gloria de tu rostro, te sirven siempre y te glorifican sin cesar.

 

Y con ellos también nosotros, llenos de alegría, y por nuestra voz, las demás criaturas, aclamamos tu nombre cantando:

 

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

 

Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado.

 

Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.

 

Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu Único Hijo. Él se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.

 

Y a fin de que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, y así santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.

 

Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor, y así celebremos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna.

 

Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:

 

TOMEN  Y COMAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES

 

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno del fruto de la vid, te dio gracias y lo pasó a

sus discípulos, diciendo:

 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,

SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,

QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

Este es el Misterio de la fe.

 

O bien:

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.

 

Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia, y concede a cuantos compartimos este Pan y este Cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria.

 

Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa León, de nuestro Obispo N., del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos, de todo tu pueblo santo y de aquellos que te buscan con sincero corazón.

 

Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.

 

Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos en tu Reino, con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo San José, con los apóstoles y los santos; y allí, junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R. Amén

 

PLEGARIAS EUCARÍSTICAS QUE PUEDEN USARSE
EN LAS MISAS PARA DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS

I
La Iglesia en camino hacia la unidad

1. La siguiente forma de esta Plegaria eucarística puede usarse convenientemente con los formularios de las Misas, por ejemplo, por la Iglesia, por el Papa, por el Obispo, para elegir a un Papa o a un Obispo, por el Concilio o Sínodo, por los sacerdotes, por el propio sacerdote, por los ministros de la Iglesia, en una reunión espiritual o pastoral.

        V. El Señor esté con ustedes.
        R. Y con tu espíritu.

        V. Levantemos el corazón.
        R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

        V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
        R. Es justo y necesario.

CP
En verdad es justo y necesario darte gracias,
y cantarte un himno de gloria y de alabanza,
Señor, Padre de infinita bondad.

Porque has reunido por medio del Evangelio de tu Hijo
a los hombres de todo pueblo, lengua y nación,
en una única Iglesia,
y por ella, vivificada por la fuerza de tu Espíritu,
no dejas de congregar a todos los hombres en la unidad.

Ella manifiesta la alianza de tu amor,
ofrece incesantemente la gozosa esperanza del reino,
y resplandece como signo de la fidelidad
que nos prometiste para siempre
en Jesucristo, Señor nuestro.

Por eso, con los ángeles del cielo
y con toda la iglesia, te aclamamos en la tierra,
diciendo a una sola voz:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

2. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Santo eres en verdad y digno de gloria,
Dios que amas a los hombres,
que siempre estás con ellos en el camino de la vida.
Bendito es, en verdad, tu Hijo,
que está presente en medio de nosotros
cuando somos congregados por su amor,
y como hizo en otro tiempo con sus discípulos,
nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.

3. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC
Por eso te rogamos, Padre misericordioso,
que envíes tu Espíritu Santo
para que santifique estos dones de pan y vino,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan para nosotros
en el Cuerpo y + la Sangre

Junta las manos.
de Jesucristo, nuestro Señor.

4. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor deben pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
en la noche de la Última Cena,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, te bendijo, lo partió
y se lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

5. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz,
te dio gracias
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

6. Luego dice:
CP
Éste es el Misterio de la fe.

O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

 

O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

 

7. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CC
Por eso, Padre Santo,
al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador,
a quien por su pasión y muerte en cruz
llevaste a la gloria de la resurrección y lo sentaste a tu derecha,
anunciamos la obra de tu amor, hasta que él venga,
y te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.

Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia,
en la que se hace presente el sacrificio pascual de Cristo
que se nos ha confiado,
y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor,
ser contados ahora y por siempre
entre en número de los miembros de tu Hijo,
cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.

C1
Renueva, Señor, a tu Iglesia (que está en N.),
con la luz del Evangelio.
Consolida el vínculo de unidad
entre los fieles y los pastores de tu pueblo,
con nuestro Papa N., nuestro Obispo N.*,

y todo el orden episcopal,
para que tu pueblo brille,
en este mundo dividido por las discordias,
como signo profético de unidad y de paz.

C2
Acuérdate de nuestros hermanos (N. y N.),
que se durmieron en la paz de Cristo
y de todos los difuntos,
cuya fe sólo tú conociste:
admítelos a contemplar la luz de tu rostro
y dales la plenitud de la vida en la resurrección.

Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo,
concédenos, también,
llegar a la morada eterna
donde viviremos siempre contigo
y allí, con santa María, la Virgen Madre de Dios,
con los apóstoles y los mártires,
(con san N. santo del día o patrono)
y en comunión con todos los santos,
te alabaremos y te glorificaremos

Junta las manos.
por Jesucristo, Señor nuestro.

8. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva, y dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

 

RITO DE COMUNIÓN

 

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

R. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz les dejo, mi paz les doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén

 

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión fraterna.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

R. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

 

El Cuerpo de Cristo.

R. Amén.

 

Antífona de comunión

(Ver propio del día)

Haz, Señor, 

que recibamos con un corazón limpio 

el alimento que acabamos de tomar,

y que el don que nos haces en esta vida

nos aproveche para la eterna.

 

Oración después de la comunión

(Ver propio del día)

 

RITO DE DESPEDIDA

BENDICIONES SOLEMNES

Durante el año, I

Que el Señor los bendiga y los proteja. 

R. Amén.

Haga brillar su rostro sobre ustedes y les otorgue su misericordia. 

R. Amén.

Vuelva su mirada hacia ustedes y les conceda la paz. 

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. 

 

Durante el año, II

La paz de Dios, 

que supera todo lo que podemos pensar, 

custodie sus corazones y sus pensamientos, 

en el conocimiento y en el amor de Dios 

y de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. 

R. Amén

 

Y la bendición de Dios todopoderoso, 

del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, 

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. 

R. Amén

 

Durante el año, III

El Señor todopoderoso los bendiga con su misericordia

E infunda en sus corazones la sabiduría eterna. 

R. Amén

Él aumente en ustedes la fe

Y les dé la perseverancia en el bien obrar. 

R. Amén

Él dirija hacia sí los pasos de ustedes

Y les muestre el camino de la paz y del amor. 

R. Amén

Y la bendición de Dios todopoderoso, 

del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, 

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

 

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