Comentario - Eucaristía del Domingo 12 de Marzo de 2017
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La vocación de Abraham es un ejemplo de la respuesta a la propuesta del Padre. Es por eso que es llamado el padre de la fe. Con Abrám, Dios retoma la iniciativa del diálogo. En la respuesta de Abraham existe un cambio con respecto a Abraham, de la lejanía se viene a la cercanía, de la posesión de la tierra a salir de sus posesiones, de la desconfianza en la palabra de Dios a la fe en las promesas.

Los cristianos estamos llamados con una vocación santa a seguir a Cristo, en un camino de obediencia a Dios. La fe y el total abandono al Señor es un modelo permanente para cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a entrar en los caminos de la redención y la respuesta que hay que dar exige una fidelidad cotidiana. Dios no  nos abandona, siempre nos sostiene con su gracia, es por eso que siempre hay que recurrir a Él. Jesús se transfiguró en la montaña, después de haber anunciado a los apóstoles que el camino de la salvación tenía que pasar por el calvario, meta que Dios asignó a su Hijo para redimir a la humanidad.

Sin embargo, Pedro, trata de detener a Jesús en el monte de la gloria, en una tentativa ingenua de evitarle la cruz. Pero la voz del cielo advierte que es necesario escuchar a Cristo y seguir sus pasos. El Evangelio es la palabra de la cruz. Tontera para algunos, pero para aquellos que se salvan, para nosotros, es potencia de Dios. Si Cristo ha tenido que sufrir e inmolarse por nuestros pecados no podemos pretender ser fieles a Dios sin esfuerzo, sin lucha, sin hacer morir en nosotros aquello que no es digno de Dios.


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