Área de Liturgia y Espiritualidad  -  Delegación para la Evangelización
Eucaristía del Jueves 28 de Mayo de 2026
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28 de mayo

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE (F)

Blanco
 

Del Martirologio romano: 

Fiesta de nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, según el rito de Melquisedec, en quien el Padre se ha complacido desde toda la eternidad, mediador entre Dios y los hombres que, para cumplir la voluntad del Padre, se ofreció a sí mismo en el altar de la cruz de una vez para siempre como víctima de salvación en favor de todo el mundo. Al instituir el sacrificio de la eterna alianza, elige con amor de hermano a hombres de este pueblo para que, al repetirlo constantemente en la Iglesia, se renueve la abundancia de la gracia divina con la que nacerá el cielo nuevo y la tierra nueva, y se realizará hasta los confines del mundo lo que el ojo no vio ni el oído oyó ni el hombre puede pensar.

 

Antífona de entrada Cf. Sal 109, 4

El Señor lo ha jurado y no se retractará: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que para gloria de tu nombre y salvación del género humano constituiste a tu único Hijo, sumo y eterno sacerdote, concede que el pueblo adquirido con su Sangre, por la participación en su memorial, pueda experimentar el poder de su Cruz y de su Resurrección, Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.



 


Él ha perfeccionado para siempre a los que santifica

Lectura del libro de Isaías 52, 13 — 53, 12

Mi Servidor triunfará:

será exaltado y elevado a una altura muy grande.

Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído.

¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor? Él creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos.

Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada.

Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado.

Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades.

El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.

Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.

Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.

Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte?

Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo.

Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca.

El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento.

Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.

A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado.

Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.

Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos.

Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el  pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL Sal. 39, 6ab. .9bc. 10. 11ab

R/. ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

¡Cuántas maravillas has realizado, Señor, Dios mío! Yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón. R/.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, Tú lo sabes, Señor. R/.

No escondí tu justicia dentro de mí, proclamé tu fidelidad y tu salvación. R/.

 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIIO ALELUYA Is. 42, 1

Aleluya. Éste es mi servidor a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Aleluya.

EVANGELIO

Hagan esto en memoria mía

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 14-20

Llegada la Hora de pasar de este mundo a su Padre, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

“He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios”.

Y tomando una copa, dio gracias y dijo: “Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios”.

Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de la cena, hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.”.

Palabra del Señor

 


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, participar dignamente de estos misterios pues cada vez que celebramos el memorial de este sacrificio, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Santísima Eucaristía Io II, 

Antífona de comunión Cf. 1 Cor 11, 24-25

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Esta copa es la nueva alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre y Señor nuestro, por la participación en este sacrificio, que tu Hijo nos mandó celebrar en conmemoración suya, te pedimos que nos conviertas, junto a él, en una ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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