7 de junio
EL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (S)
Blanco
Sugerencias para la celebración
Celebramos hoy día una de esas fiestas que han tenido un gran impacto en la religiosidad popular, especialmente por su expresión festiva con la procesión del Santísimo Sacramento. Como sabemos, el origen de esta celebración se inscribe en la intención de la Iglesia por afirmar con claridad la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Los textos oracionales se atribuyen a Santo Tomás de Aquino. La secuencia es una joya de la literatura litúrgica, un verdadero «tratado teológico de la Eucaristía en poesía litúrgica» (Castellano). El prefacio es propio y es una fuente extraordinaria como alimento espiritual para la meditación de esta celebración.
Los textos bíblicos
Cada año tenemos textos bíblicos diferentes para esta celebración. Las de este ciclo A, gravitan en torno al discurso del pan de vida, del cuarto Evangelio. En él, podemos apreciar que la Eucaristía es un don verdadero, que realmente genera vida en nosotros. Se trata de una «presencia real» que apela a la fe.
La adoración
En el plano celebrativo, éste es el momento más adecuado para festejar la presencia sacramental de Cristo, que en este misterio supone una modalidad superior por antonomasia a todas las otras presencias de Cristo.
La primera y fundamental adoración se dará durante la celebración misma de la Eucaristía, pero la procesión eucarística también expresa esa misma fe. Ella enfatiza la dimensión cultual y adorante de la Iglesia ante el misterio de la presencia sacramental de Cristo y su expresión festiva, más allá de los límites de un edificio eclesial.
Por eso, si no es posible realizar una procesión, sí puede ser oportuno una breve adoración al Santísimo, como una prolongación de la Eucaristía. Acompañarla con cantos meditativos o un importante silencio, puede ser una bella experiencia para este día.
Adorno para la adoración
No debe superar el adorno que se le da al altar durante la celebración. Si este día vamos a hacer una breve exposición al Santísimo, sería conveniente que se coloque el mismo número de cirios tanto para la santa misa como para la adoración.
Este es un criterio de carácter educativo, y que debemos aplicar el resto del año.
Cantos eucarísticos
Lo ideal para acompañar la procesión de la comunión, cualquier día del año, es un canto eucarístico que exprese, por ejemplo, nuestra fe en la presencia de Cristo en las especies eucarísticas.
Pero hoy podemos agregar algún canto de la tradición, como el «Pangue Lingua», el «Adorote devote», el «Tantum ergo». En castellano, además de la traducción de los anteriores, podemos recurrir a «Tú eres, Señor, el pan de vida», «Señor, a quién iremos», o los salmos 22, «El Señor es mi Pastor», el 41, «Como busca la cierva», o el 33, «Gustad y ved qué bueno es el Señor».
Algunos detalles
No descuidemos adornar especialmente el aula eucarística, o si se quiere, principalmente el altar, que resume simbólicamente lo que significa este sacramento.
Quizá solo se necesite agregar algunos cirios más sobre el altar, o bien, poner un pebetero para quemar el incienso durante la plegaria eucarística.
Entre los avisos, puede ser apropiado la invitación a la adoración al Santísimo que seguramente se hace una vez a la semana en la comunidad.
¡Vamos en paz!
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Antífona de entrada Cf. Sal 80, 17
El Señor los alimentó con lo mejor del trigo, y los sació con miel silvestre.
GLORIA
ORACIÓN COLECTA
Señor Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu redención. Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Te dio un alimento que ni tú ni tus padres conocían
Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Moisés habló al pueblo diciendo:
Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 147, 12-15. 19-20
R. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.
Él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente. R.
Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.
Hay un solo pan. Todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 16-17
Hermanos:
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Palabra de Dios.
SECUENCIA Esta secuencia es optativa. Si se la canta o recita, puede decirse íntegra o en forma breve desde *Este es el pan de los ángeles.
Glorifica, Sión, a tu Salvador, aclama con himnos y cantos a tu Jefe y tu Pastor.
Glorifícalo cuanto puedas, porque Él está sobre todo elogio y nunca lo glorificarás bastante.
El motivo de alabanza que hoy se nos propone es el pan que da la vida.
El mismo pan que en la Cena Cristo entregó a los Doce, congregados como hermanos.
Alabemos ese pan con entusiasmo, alabémoslo con alegría, que resuene nuestro júbilo ferviente.
Porque hoy celebramos el día en que se renueva la institución de este sagrado banquete.
En esta mesa del nuevo Rey, la Pascua de la nueva alianza pone fin a la Pascua antigua.
El nuevo rito sustituye al viejo, las sombras se disipan ante la verdad, la luz ahuyenta las tinieblas.
Lo que Cristo hizo en la Cena, mandó que se repitiera en memoria de su amor.
Instruidos con su enseñanza, consagramos el pan y el vino para el sacrificio de la salvación.
Es verdad de fe para los cristianos que el pan se convierte en la carne, y el vino, en la sangre de Cristo.
Lo que no comprendes y no ves es atestiguado por la fe, por encima del orden natural.
Bajo la forma del pan y del vino, que son signos solamente, se ocultan preciosas realidades.
Su carne es comida, y su sangre, bebida, pero bajo cada uno de estos signos, está Cristo todo entero.
Se lo recibe íntegramente, sin que nadie pueda dividirlo ni quebrarlo ni partirlo.
Lo recibe uno, lo reciben mil, tanto éstos como aquél, sin que nadie pueda consumirlo.
Es vida para unos y muerte para otros. Buenos y malos, todos lo reciben, pero con diverso resultado.
Es muerte para los pecadores y vida para los justos; mira cómo un mismo alimento tiene efectos tan contrarios.
Cuando se parte la hostia, no vaciles: recuerda que en cada fragmento está Cristo todo entero.
La realidad permanece intacta, solo se parten los signos, y Cristo no queda disminuido, ni en su ser ni en su medida.
*Éste es el pan de los ángeles, convertido en alimento de los hombres peregrinos: es el verdadero pan de los hijos, que no debe tirarse a los perros.
Varios signos lo anunciaron: el sacrificio de Isaac, la inmolación del Cordero pascual y el maná que comieron nuestros padres.
Jesús, buen Pastor, pan verdadero, ten piedad de nosotros: apaciéntanos y cuídanos; permítenos contemplar los bienes eternos en la tierra de los vivientes.
Tú, que lo sabes y lo puedes todo, Tú, que nos alimentas en este mundo, conviértenos en tus comensales del cielo, en tus coherederos y amigos, junto con todos los santos.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 6, 51
Aleluya. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-58
Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”
Jesús les respondió:
“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Palabra del Señor.
Credo.
Oración de los fieles.
S. Antes de disponer la mesa santa, donde el Señor hará nuevamente presente su tránsito pascual, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre con la plena confianza de ser escuchados:
Para que los obispos y presbíteros cuando presidan la celebración eucarística, vivan tan plenamente identificados con el Señor, que el pueblo vea en ellos la imagen viva de Cristo, que preside a quienes se han reunido en su nombre, roguemos al Señor.
Para que pronto llegue el día en que todos los cristianos celebremos la eucaristía en la unidad de una sola Iglesia, roguemos al Señor.
Para que los fieles que viven situaciones de dolor, encuentren en el sacramento de la Eucaristía el consuelo en medio de las tristezas de este mundo, roguemos al Señor, roguemos al Señor.
Para que el Señor fortalezca constantemente nuestra fe y acreciente nuestro amor, a fin de que adorando a Dios en espíritu y verdad, podamos amarlo también en los hermanos, roguemos al Señor.
S. Dios nuestro, que alimentas a tu pueblo con amor, escucha nuestras oraciones y acrecienta en nosotros el deseo de saciarnos de ti, Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor y Dios nuestro, concede bondadosamente a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz, significados en las ofrendas que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Él mismo, mientras comía con los apóstoles en la última cena, para perpetuar el memorial salvífico de la cruz, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y sacrificio perfecto de reconciliación.
Con este venerable sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que todos los que habitamos en el mundo, seamos iluminados por una misma fe y congregados en una misma caridad.
Nos acercamos así a la mesa de este sacramento admirable para que la abundancia de tu gracia nos conduzca a la vida eterna.
Por eso, todas las criaturas del cielo y de la tierra te adoran entonando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te alabamos cantando sin cesar:
Santo, Santo, Santo …
Antífona de comunión Cf. Jn 6, 56
Dice el Señor: el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Jesucristo, te pedimos que podamos saciarnos con el eterno gozo de tu divinidad, anticipado en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.