Área de Liturgia y Espiritualidad  -  Delegación para la Evangelización
Eucaristía del Domingo 14 de Junio de 2026
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14 de junio

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Verde

Sugerencias para la celebración

Nos encontramos en el primer domingo del Tiempo Ordinario propiamente tal, después de las celebraciones dominicales de Trinidad y Corpus. Retomamos este tiempo en el que san Mateo nos lleva de la mano en la escuela del discipulado. 

La oración colecta sintoniza con nuestra condición de discípulos y peregrinos de un camino cuya meta excede todas nuestras capacidades. Ante eso, la Iglesia pide, suplica al Señor, que es «fuerza» para los débiles. ¡Qué buen punto de partida!

Dios llama, crea un pueblo y lo envía

La liturgia de la Palabra de este domingo y los dos siguientes se enmarcan en uno de los cinco discursos con los que san Mateo compone su Evangelio. Podríamos reunirlos en torno al tema de la misión que Jesús comparte con sus discípulos. 

En el Evangelio, Jesús es quien llama y crea un nuevo pueblo con los doce apóstoles, símbolo de las doce tribus de Israel. El Señor, movido por la compasión, comparte su misión con estos doce. Y la misión, aunque tendrá un alcance universal, se hará por etapas, primero los cercanos, luego los demás. 

La primera lectura pone de manifiesto el talante de la figura de Jesús, un hombre que siente compasión, que decide responder a las necesidades del pueblo, que no concentra toda la misión en sus manos, sino que llama a otros y los envía, así como el mismo Dios llamó y envió a Moisés. 

El lector de la primera lectura debe considerar que el texto comienza con una breve descripción, pero en un momento el tono se vuelve expectante: ¿Qué ocurrirá? Que Dios tomará la palabra. Allí el tono del lector debe hacer una diferencia, quizá proclamando con serena solemnidad, pero, sobre todo, sopesando el privilegio extraordinario que significa que el Señor se revele y llame. Dos sobrios énfasis en esta breve lectura: «llamó», y luego: «Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada».

El salmo responde con el cumplimiento de la promesa: ¡ya somos lo prometido! 

El aleluya no se termina

La Liturgia , después de la exuberancia del tiempo Pascual, vuelve a un rito sobrio y tranquilo. Se acabó el tiempo pascual, ¡pero no el canto del aleluya! La aclamación al Evangelio no debería omitir esa bellísima palabra que nos une a la lengua del Señor; y si es correcto y deseable variar el texto de esta aclamación, no deberíamos omitir nunca la palabra «aleluya». 

La propuesta del leccionario este domingo tiene una bella melodía: «Busca primero el Reino de Dios, y su perfecta justicia; y lo demás añadido será, aleluya, aleluya».

La Voz de los santos y teólogos

¿Qué han pensado los grandes cristianos sobre este texto? 

«El Señor, al ver a las multitudes, se compadece, porque no soporta que los hombres anden perdidos. No los abandona, sino que llama a los discípulos y los hace partícipes de su compasión, enviándolos a sanar y enseñar. Así los forma no solo con palabras, sino con la experiencia del amor». (San Juan Crisóstomo)

«Cristo envía a los apóstoles primero a las ovejas de Israel, para que el Evangelio comience donde fue dada la promesa; pero su compasión no se limita, sino que se extiende hasta los confines de la tierra». (San Beda el Venerable)

«Jesús mismo es el primer y más grande evangelizador; y cuando envía a sus apóstoles, los introduce en su propia misión. La compasión por las multitudes no es un sentimiento pasajero, sino la manifestación del amor del Padre que quiere salvar a todos». (San Juan Pablo II)

Las Plegarias eucarísticas

De vuelta al Tiempo Ordinario, se nos abren más posibilidades para el uso de las plegarias eucarísticas. Podremos usar de nuevo la Cuarta anáfora, dueña de una preciosa teología inspirada en la historia de la salvación, de profundo sabor bizantino, que la tenemos dormida desde el inicio de la Cuaresma, ya hace más de noventa días. ¡Qué ganas de usarla esta vez!

Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. ¡Que hizo el cielo y la tierra!

 

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Antífona de entrada Cf. Sal 26, 7.9

Escucha, Señor, la voz de mi clamor: no me rechaces ni me abandones, Dios, mi salvador, porque tú eres mi refugio.

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, fuerza de los que esperan en ti, escucha con bondad nuestras súplicas, ya que sin tu ayuda nada puede la fragilidad humana, y concédenos la gracia de cumplir tus mandamientos para agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 


Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada

Lectura del libro del Éxodo 19,1b-6a

Los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. Habían partido de Refidím, y cuando llegaron al desierto del Sinaí, establecieron allí su campamento. Israel acampó frente a la montaña.

Moisés subió a encontrarse con Dios, El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: “Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje a los israelitas:

“Ustedes han visto cómo traté a Egipto, y cómo los conduje sobre alas de águila y los traje hasta mí. Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada”.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 99, 1b-3. 5

R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta Él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios: Él nos hizo y a Él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.

 

Fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, seremos salvados por su vida

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 5, 6-11

Hermanos:

Cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.

Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Y ahora que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados por Él de la ira de Dios.

Porque, si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.

Y esto no es todo: nosotros nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien desde ahora hemos recibido la reconciliación.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mc 1,15

Aleluya. El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús convocó a sus doce discípulos y los envió

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 35—10,8

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.

Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:

“No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”.

Palabra del Señor.

 


Credo

ORACIÓN UNIVERSAL

S. Queridos hermanos, reunidos como pueblo consagrado a Dios, presentemos nuestras peticiones al Señor. 

  • Por toda la Iglesia, para que viva fielmente su vocación bautismal y movida por la compasión comparta la belleza del Evangelio con alegría, roguemos al Señor

  • Por los misioneros, laicos y consagrados, para que la fuerza de Dios los sostenga en el anuncio del Evangelio en medio de las contradicciones de este mundo, roguemos al Señor. 

  • Por las autoridades de las naciones, para que permitan la libertad religiosa, de tal modo que la semilla del Evangelio pueda prosperar y contribuir a la grandeza de todos los pueblos, roguemos al Señor. 

  • Por los que sufren, especialmente por los que no conocen al Señor, cuya presencia los llenaría de paciencia y esperanza, roguemos al Señor. 

  • Por todos nosotros, para que renovemos la conciencia de haber sido elegidos para formar un pueblo nuevo, y dar a conocer la Buena Noticia del Reino de Dios, roguemos al Señor

S. Padre santo, que nos llamas a ser tu pueblo y nos confías la obra de tu Reino, escucha las oraciones que te presentamos y haz que, llevadas al altar, trabajemos siempre por la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que nos alimentas con estos dones, y nos renuevas con tu sacramento, concédenos que nunca nos falte el sustento para el alma y para el cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Cf. Sal 26, 4

Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida.

O bien: O. Jn 17, 11

Padre santo, cuida en tu nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos Padre, que así como la comunión que hemos recibido es signo de la unión de los creyentes en ti, también se realice la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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