Área de Liturgia y Espiritualidad
Eucaristía del Domingo 05 de Julio de 2026
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5 de julio

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Verde

Sugerencias para la Celebración

La Oración Colecta de este domingo pide al Señor «la felicidad que no tiene fin». Impresiona siempre la audacia de la fe orante de la Iglesia, que cuando suplica, no se entretiene pidiendo menudencias. Hoy pedimos felicidad. Además, que no tenga fin. ¿Demasiado? ¡Por ningún motivo! En el fondo, eso es lo que queremos todos.

Ante una súplica como ésta, la celebración no puede ser mezquina en su expresividad. Si estamos seguros de que lo pedido se concede, celebramos ya lo que el Señor nos va a regalar. Su presencia verdadera en medio de nosotros es garantía de todo ello.

Aunque estamos en el tiempo «durante el año», el domingo siempre es un día de fiesta.  Ello se expresa con una serena alegría que va creciendo en intensidad a lo largo de la celebración.

La soberanía de Dios para los humildes

Jesús comparte la misión que su Padre le ha encomendado. Ha elegido y llamado a algunos para ser sus discípulos y enviarlos a misionar. Los discípulos ya han experimentado las dificultades de la evangelización e incluso el fracaso misionero.

Pero Jesús no se frustra ni reclama. Al contrario, la experiencia resulta iluminadora: al experimentar el rechazo de los sabios y entendidos, Jesús se convence de que su mensaje no conversa bien con la soberbia. Y al mismo tiempo, que el Reino es acogido por los humildes. Ese es el designio de Dios. 

Si Cristo es la expresión máxima de la soberanía de Dios, podemos explicarnos su profunda humildad. El profeta Zacarías, en la primera lectura, nos ofrece la fisonomía anticipada del Mesías humilde que Cristo iba a encarnar.

Bendición y alabanza

Pocas veces podemos auscultar cómo era la oración de Jesús. Pero en esta ocasión, san Mateo nos trae una oración de alabanza que ha brotado espontáneamente del corazón del Señor. Esto es muy importante para nosotros, pues la liturgia es «Iglesia en oración», o, dicho de otra manera, las celebraciones litúrgicas son una oración viva que suplica y alaba al Señor.

Varias veces durante la eucaristía bendecimos al Señor: en el himno del Gloria, en las breves oraciones que acompañan la presentación de los dones – las que no estaría mal que a veces se dijeran sobre una música de fondo, con voz suave-.

Pero la principal alabanza de la eucaristía, la acción de gracias por excelencia es la plegaria eucarística. Quien preside la celebración debe cuidar con mucho esmero que la plegaria sea reconocida por todos como el momento cumbre de la celebración.

Quizá sea el momento para que el equipo de liturgia las revise con el misal en la mano, y en compañía de quien presidirá la celebración, pueda romper la rutina de usar siempre la misma anáfora. También, como una forma de darle la importancia que tiene, podemos variar la aclamación que sigue a la consagración, y preparar con el coro la posibilidad de cantarla.

La humildad de los signos

Jesús celebra este domingo la humildad, condición indispensable para experimentar la gracia del Reino.

Ocasión para verificar la sencillez de las celebraciones litúrgicas, que son la consecuencia directa del modo como Cristo se ha hecho presente entre nosotros. Para que la liturgia exprese la presencia del Señor no puede dejar espacio al lujo, o la ostentación. Tampoco aspaviento o vanidad en los ministros, pues estaría en evidente contradicción con la verdad de las celebraciones.

Humildad, sencillez… pero no descuido ni vulgaridad. El concilio acuñó la expresión «noble sencillez» como un modo de esclarecer el sentido que tiene la belleza de nuestras celebraciones.

¡Vayamos en paz!

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Antífona de entrada Cf. Sal. 47, 10-11

En tu santo templo, Señor, evocamos tu misericordia; la gloria de tu nombre llega hasta los confines de la tierra. Tu derecha está llena de justicia.

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concédenos una santa alegría, para que, liberados de la servidumbre del pecado, alcancemos la felicidad que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 


Mira que tu Rey viene humilde hacia ti

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así habla el Señor:

¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; Él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna.

Él suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones. Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL 144, 1-2. 8-11. 13c-14

R. Bendeciré tu Nombre eternamente.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente; día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. R.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.

El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. R.


 

Si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma 8, 9. 11-13

Hermanos:

Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt. 11, 25

Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.

EVANGELIO

Soy paciente y humilde de corazón

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30

Jesús dijo:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce el Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Palabra del Señor.

 


Credo

ORACIÓN UNIVERSAL

 S. Fieles a las palabras de Jesús, que nos invita a alabar y bendecir su nombre, presentemos al Señor nuestras peticiones. 

  • Por la Iglesia, para que, siguiendo a Cristo humilde y servidor, anuncie el Evangelio con sencillez y sea signo de paz para todos los pueblos, roguemos al Señor.

 

  • Por la paz en el mundo, para que las naciones dejen atrás la violencia y, acogiendo el don de Dios, se abran a caminos de diálogo, reconciliación y justicia, roguemos al Señor.

 

  • Por los jóvenes, para que descubran en Jesús el descanso y el sentido de sus vidas, y respondan con generosidad a su llamado, roguemos al Señor.

 

  • Por nuestras comunidades, para que, animadas por el Espíritu, sean espacios de acogida y esperanza, donde los cansados y agobiados encuentren consuelo en el Señor, roguemos al Señor.

 S. Te presentamos, Señor, estas intenciones de tu Iglesia, por Jesucristo, nuestro Señor. 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Padre del cielo, que este sacrificio consagrado a tu nombre nos purifique y nos encamine, cada día más, hacia la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Sal 33, 9

Gusten y vean qué bueno es el Señor. Feliz el hombre que espera en Él.

O bien: Cf. Mt 11, 28

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con tan grandes dones, te pedimos, Padre, recibir sus frutos de salvación y no dejar nunca de alabarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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