Área de Liturgia y Espiritualidad
Eucaristía del Domingo 23 de Agosto de 2026
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23 de agosto

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Verde

 

Sugerencias para la Celebración

El Concilio Vaticano II nos recordó que cada domingo los cristianos celebramos el «Misterio Pascual». Esto quiere decir, entre muchas otras cosas, que Cristo resucitado se hace presente entre nosotros y nos invita a ofrecer nuestra vida para resucitar con él. 

Ello sucederá en la medida que nos decidamos a entrar en esta dinámica pascual, que no es otra cosa sino hacer de nuestra vida una ofrenda para Dios en una vida entregada a Él por los demás. 

Por eso es tan importante celebrar el domingo. Aquí escuchamos juntos la palabra viva del Señor, para que «arda nuestro corazón» (Lc 24,32); aquí contemplamos la presencia sacramental de Cristo, y nos introducimos en la misión de Cristo y la Iglesia. Aquí nos introducimos por medio de la comunión en el misterio de su muerte y resurrección. 

Un nuevo modo de autoridad

No lo hacemos solos sino en comunidad. Una comunidad organizada, que tiene su estructura propia. A lo largo de la historia, la sociedad civil ha ideado varias formas para organizarse. También ha creado distintas maneras para que sus miembros actúen mancomunadamente. En ello siempre ha sido importante la manera de ejercer la autoridad. 

Pues bien, la Iglesia, aunque es una institución divina, no deja de ser también una organización humana. Y como organización, también tiene una autoridad, una jerarquía. La liturgia de la Palabra nos muestra hoy que el poder y la autoridad son una delegación de Dios. En el texto de Isaías Dios nombra un nuevo administrador del palacio del reino de Israel. Ese administrador deberá dar cuenta a Dios de su actuar. 

Lo mismo sucede con Pedro, quien, tras una maravillosa profesión de fe, es investido por Cristo como la cabeza de la naciente Iglesia. Es un «administrador» de Dios, por lo que su autoridad debe reflejar su bondad paternal. 

El lector de la primera lectura debe comprender el estilo de este texto. Se trata de un oráculo de juicio y de investidura. Dios ha tomado una decisión, la que debe ser ejecutada, y por otro lado, llama a su servidor y lo inviste de autoridad. El tono es algo severo, o al menos, dicho con firmeza. Pero que se note igualmente que la decisión de Dios está motivada por el amor. No en vano cantaremos en el salmo que es eterno su amor. 

La carne y la sangre

Quizá vale la pena detenerse esta expresión presente en este Evangelio. «Carne y sangre» es una expresión hebrea que designa la fragilidad, la limitación humana. Es que la naturaleza humana por sí sola no está capacitada para decir lo que ha dicho Pedro. Para ello hace falta una intervención divina. 

De un modo similar, en la institución de la Eucaristía Jesús se refirió al pan y al vino como su cuerpo y su sangre. También apuntaba a su fragilidad humana. En paralelo al fragmento del evangelio de hoy, la comunidad comprende que su fe en Cristo como mesías, la conversión del pan y del vino en su cuerpo y su sangre, no es fruto de sus propias capacidades. Es un don que hemos recibido de lo alto. 

La asamblea reunida

También en nuestra celebración vemos hecho realidad lo que nos trajo la liturgia de la Palabra. 

Celebramos en una comunidad que tiene una cabeza visible, que es el sacerdote que preside la celebración. Le acompañan ministros, lectores, porque la pastoral de la Iglesia requiere de todos, cada uno con su propia y particular vocación. 

Vemos en ellos fragilidad, porque no son distintos a todo el resto. Pero han recibido una vocación, un carisma, que ponen al servicio de la comunidad. En definitiva, están allí para ayudarnos a todos a profesar la fe, cuyo punto fundamental es creer en Jesús como el Cristo, el Mesías que había de venir. 

¡Bendigamos al Señor!

 

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Antífona de entrada Cf. Sal 85, 1. 3

Inclina tu oído, Señor, respóndeme; salva a tu servidor que en ti confía. Ten piedad de mí, Señor, que te invoco todo el día.

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 


Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio:

Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día llamaré a mi servidor Eliaquim, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 137, 1-3. 6. 8bc

R. Tu amor es eterno, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu Nombre. R.

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R/.

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! R.

 

Todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! “¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?” Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él. ¡A Él sea la gloria eternamente! Amén.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 16, 18

Aleluya. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Aleluya.

EVANGELIO

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los Cielos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”

Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”.

“Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

Entonces, ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN UNIVERSAL

S. Con la fortaleza que nos proporciona la fe en común, los invito a presentar nuestras intenciones al Señor. 

  • Por la Iglesia universal, edificada sobre la fe de los Apóstoles, para que permanezca firme en el anuncio de Jesucristo y sea signo de unidad y esperanza para el mundo, roguemos al Señor.

 

  • Por las autoridades de las naciones, para que encaren los desafíos sociales con sabiduría, humildad y espíritu de servicio buscando siempre el bien común y la justicia, roguemos al Señor.

 

  • Por los que sufren a causa de la enfermedad, la pobreza, la soledad o la falta de fe, para que encuentren consuelo en el amor eterno de Dios y que siempre busquen la paz en la fe de la Iglesia, roguemos al Señor.

 

  • Por nuestra comunidad, para que, como Pedro, reconozcamos a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y vivamos con fidelidad el compromiso de nuestra fe, roguemos al Señor.

 

S. Escucha, Señor, la oración que en esta celebración te presentamos, por Jesucristo nuestro Señor.

 


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que en el sacrificio único de Cristo, te has adquirido un pueblo de hijos, sé bondadoso con nosotros y concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Cf. Sal 103, 13. 14. 15

Señor, la tierra se sacia con el fruto de tus obras: el pan que sale de la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre.

O bien: Cf. Jn 6, 54

Dice el Señor: el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre nuestro, realiza plenamente en nosotros la obra de tu misericordia, y concédenos tu gracia para que podamos agradarte en todo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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