Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Liturgia del Domingo 26 de Mayo de 2024
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Solemnidad de la Santísima Trinidad

Salterio IV

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INTRODUCCIÓN

El pueblo elegido en la antigua historia de la Salvación, adoraba al Dios vivo y verdadero, que se da a conocer como un Dios que salva y entra en diálogo con el hombre. El Señor con sus palabras y acciones salvadoras, muestra su favor con el pueblo que Él se ha elegido. Cuando la historia de la Salvación es llevada a cumplimiento por Cristo, los hombres sabrán que el Señor los quiere como sus hijos y herederos de los bienes divinos. El Espíritu Santo, que actúa en nosotros, nos da la conciencia de nuestra filiación divina y quien vive la vida auténticamente cristiana sabe que está en intimidad con la Santísima Trinidad, y que por lo mismo no debemos temer de seguirlo, aún en el camino de la cruz.

El Bautismo recibido en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, introduce al creyente en la vida de Dios y nos consagra para siempre a la divinidad, comprometiéndonos a ser fieles a nuestra vocación de hijos, en adhesión a la verdad de los mandamientos del Evangelio. Jesús, Hijo de Dios, ha revelado al mundo el misterio de Dios, uno y trino. Este Dios, que es todo amor, que hace que el hombre no viva solamente de pan, ni de fatigas, ni de miedos, sino que viva en el amor y tenga el gusto pleno de toda la vida.

Antífona de entrada 

Bendita sea la Santísima Trinidad: Dios Padre, el Hijo unigénito de Dios y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia con nosotros. 

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios Padre, que revelaste a los hombres tu misterio admirable al enviar al mundo la Palabra de verdad y el Espíritu santificador; te pedimos que, en la profesión de la fe verdadera, podamos conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar al único Dios todopoderoso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

PRIMERA LECTURA

El Señor es Dios -allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra- y no hay otro.

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo diciendo:

Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante.

¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir? ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ti en Egipto, ante tus mismos ojos?

Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios allá -arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra- y no hay otro.

Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

SALMO RESPONSORIAL   32, 4-6. 9. 18-20. 22

R/¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

La palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; El ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.

La palabra del Señor hizo el cielo, y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales; porque Él lo dijo, y el mundo existió, Él dio una orden, y todo subsiste.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

SEGUNDA LECTURA

Ustedes han recibido el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios Abbá, es decir Padre”.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma  8, 14-17

Hermanos:

Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abbá!, es decir, ¡Padre!

El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con Él para ser glorificados con Él.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO    Cf. Apoc 1, 8

Aleluya.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO

Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 16-20

Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Credo 


Oración de los fieles

Oremos, hermanos, a Dios, Padre entrañable, que por Jesucristo nos ha revelado su amor y que escucha complacido los gemidos inefables con que el Espíritu intercede por nosotros:

Para que Dios Padre, Creador todopoderoso del universo, lleve el mundo a su plenitud y haga nacer aquel cielo nuevo y aquella la tierra nueva que nos ha prometido, en la que la humanidad entera encontrará la felicidad y podrá contemplar su faz gloriosa, roguemos al Señor.

Para que el Hijo Unigénito de Dios, que se hizo hombre para desposarse con la Iglesia, infunda en ella un amor semejante al suyo, como corresponde a su condición de esposa amada, roguemos al Señor.

Para que el Espíritu del Señor, que enriquece al mundo con sus dones, sea padre para los pobres, consuelo para los tristes, salud para los enfermos y fuerza para los decaídos, roguemos al Señor.

Para que los que conocemos el misterio de la vida íntima de Dios, uno en tres Personas, tengamos celo para anunciarlo a quienes lo desconocen a fin de que también ellos encuentren gozo y descanso en Dios, que se nos ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Dios altísimo, que has querido que en las aguas del bautismo llegáramos a ser hijos en tu Hijo único, escucha al Espíritu que nos hace clamar: “Padre y haz que, obedientes al mandato de tu Hijo, seamos anunciadores de la salvación que ofreces a todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Señor y Dios nuestro, por la invocación de tu Nombre santifica los dones que te presentamos y por ellos conviértenos también a nosotros en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno: Que con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no una sola Persona, sino tres Personas distintas de una misma naturaleza. 

Cuanto creemos de tu gloria, Padre, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia alguna. 

Por eso, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos a tres personas distintas, de única naturaleza e iguales en dignidad. A ti los ángeles y arcángeles, con todos los coros celestiales no cesan de aclamarte, diciendo a una sola voz: 

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión         Cf. Gal 4, 6 

Porque ustedes son hijos, Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abbá, Padre. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Señor y Dios nuestro, te pedimos que el sacramento recibido y la profesión de nuestra fe en ti, único Dios en tres personas, sirvan para nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


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