Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Liturgia del Domingo 16 de Junio de 2024
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Domingo undécimo del tiempo ordinario

Salterio III

Color: verde

INTRODUCCIÓN

Podemos poner un poco de abono, pero el crecimiento de la semilla en definitiva no difiere con la intervención del hombre. La semilla crece y se desarrolla sin que el hombre intervenga de una manera decisiva… que el hombre duerma o que vigile el resultado, es invariable. La semilla seguirá creciendo.

Tanto la primera lectura como el evangelio, nos hablan de la gratuita iniciativa de Dios en la vida de su Reino.

Dios no está ausente de la historia, como alguno piensa, Él hace germinar desde dentro, de la más profunda manera, la salvación del hombre. El reino poco a poco germina, nada lo puede detener, hasta transformarse en la más grande de todas las hortalizas, en la que hasta los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.

Jesucristo, Hijo de Dios, que ha venido en medio de nosotros y ahora permanece en la Eucaristía, en apariencia, está silencioso y ajeno a las realidades de la humanidad, pero no hay nada más vivo que su presencia que hace crecer en nosotros la vida de Dios. No debiéramos pretender ver con los ojos del cuerpo aquello que solamente se desvela con los ojos de la fe. Por lo mismo, Pablo nos exhorta a tener confianza en Dios mientras peregrinamos en este mundo, porque estamos seguros que Él siempre tendrá presente nuestro amor a Dios y al prójimo.

Nuestra vida presente está bajo los ojos de Dios, hasta que no lo contemplamos en su plenitud, en su reino.

En este domingo contemplamos la verdadera pobreza, ser conscientes de que es Dios quien realiza todo, sin atribuirse el mérito de nada y trabajar con todas nuestras fuerzas sin pretender ver resultados inmediatos.

Antífona de entrada             Cf. Sal 26, 7.9 

Escucha, Señor, la voz de mi clamor: no me rechaces ni me abandones, Dios, mi salvador, porque tú eres mi refugio. 

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, fuerza de los que esperan en ti, escucha con bondad nuestras súplicas, ya que sin tu ayuda nada puede la fragilidad humana, y concédenos la gracia de cumplir tus mandamientos para agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

PRIMERA LECTURA

Exaltó al árbol humillado.

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así habla el Señor:

Yo tomaré la copa de un gran cedro, cortaré un brote de la más alta de sus ramas, y lo plantaré en una montaña muy elevada: lo plantaré en la montaña más alta de Israel. Él echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnifico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas.

Y todos los árboles del campo sabrán que Yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

SALMO RESPONSORIAL 91, 2-3. 13-16

R/Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.

El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios. 

En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.

SEGUNDA LECTURA

Sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradar al Señor.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5, 6-10

Hermanos:

Nosotros nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.

Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarle.

Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO

Aleluya.

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; el que lo encuentra permanece para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

Es la más pequeña de las semillas, pero llega a ser la más grande de todas las hortalizas.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 26-34

Jesús decía a sus discípulos:

El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.

También decía: ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.

Y con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Credo


Oración de los fieles

Oremos, hermanos, al Señor, que conoce lo que está escondido a nuestros ojos y sabe cuáles son las verdaderas necesidades de los hombres:

Oremos por la santa Iglesia, para que Dios, nuestro Señor, aumente el número de sus fieles, aleje de ella toda división y escuche las plegarias que le dirigen todos los cristianos del mundo.

Oremos también a nuestro Señor por los gobernantes de nuestra patria y de todos los pueblos, para que Dios les dé sabiduría y fuerza para gobernar y dirigir con paz y justicia el pueblo que tienen encomendado.

Oremos también por los que están lejos de su hogar, para que nuestro Señor les conceda un viaje feliz, retornar con salud a sus familias, y la realización plena de los proyectos de su viaje.

Oremos también a nuestro Señor por los que hoy nos hemos reunido aquí en su nombre y por el párroco (pastor) que nos preside (o bien: y por mí, su indigno ministro): para que nuestro Señor escuche nuestras oraciones y nuestras peticiones le sean siempre agradables.

Dios nuestro, que siembras a manos llenas en nuestros corazones la semilla de la verdad y de la gracia, escucha nuestras oraciones, concédenos acoger, con humilde esperanza, y cultivar, con paciencia evangélica, el grano que tú has sembrado en nosotros, convencidos de que, cuanto más profundamente arraigue tu palabra en nuestras vidas, más amor y más justicia habrá en el mundo.  Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Señor, que nos alimentas con estos dones, y nos renuevas con tu sacramento, concédenos que nunca nos falte el sustento para el alma y para el cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Antífona de comunión         Cf. Sal 26, 4 

Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Te pedimos Padre, que, así como la comunión que hemos recibido es signo de la unión de los creyentes en ti, también se realice la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


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