II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la celebración
No es casualidad que cuando comenzamos el Tiempo Ordinario, cada año, en los tres ciclos, se lea el evangelio de san Juan. En el ciclo A y B, la figura preeminente es Juan Bautista, que presenta al Señor como Cordero de Dios. En el ciclo C, el Leccionario nos presenta el relato de las bodas de Caná. La intención teológica de estos tres domingos iniciales es presentar la figura de Jesús, centro absoluto de todas nuestras celebraciones de cada día del año. De esta manera, la liturgia nos muestra inequívocamente cuál es su centro, y cuál la misión de la Iglesia, a saber, la de presentar al mundo la figura de Cristo, su Señor.
La presentación de Cristo de este domingo se realiza con un gran título cristológico, muy importante, que quizá convendría explicitar hoy, dado que siempre está presente en nuestras celebraciones. Juan se refiere al Señor como «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». En la celebración se trata de una aclamación que acompaña el gesto de la fracción del pan, de enorme importancia, al punto que este gesto dio origen a la primera denominación de la santa Misa. Y le agrega: «ten piedad de nosotros», dos veces; la última: «danos la paz», que no es un simple bienestar, sino el cumplimiento pleno de todas las promesas divinas.
Los estudios bíblicos explican que Juan Bautista emplea este título aludiendo al sacrificio perpetuo que se realizaba en el templo de Jerusalén dos veces al día: por la mañana y por la tarde. Este ritual se realizaba sacrificando un cordero y su objetivo era la purificación de los pecados del pueblo. Hay muchas conexiones entre ese rito y la narración de la pasión de Cristo, tal como la narra el cuarto evangelio, y que aquí no cabe explicitar. Pero vale la pena considerarlo, pues trae a nuestra celebración la fisonomía esencial del ministerio de Jesús en medio nuestro, el de ser víctima, sacerdote, y altar.
La fisonomía de Cristo se completa este domingo con la lectura del profeta Isaías, que habla del Cristo como quien ha sido constituido como Servidor, y más aún, como «Luz de las naciones». Si unimos lo anterior con la carta de san Pablo, que se presenta como apóstol de Jesucristo, «Señor», nuestra celebración se reviste de un marcado carácter cristológico. Todo ello nos indica que hoy, más que nunca, la homilía no versará tanto sobre un «tema», cuanto sobre una persona: Jesucristo.
Pese a que ya podríamos usar la Plegaria Eucarística IV, y las otras menores, que no las usamos desde el Adviento, entre los prefacios de los domingos durante el año, uno especialmente adecuado es el VII, «La salvación, fruto de la obediencia de Cristo», lo cual nos obliga a usar una de las tres plegarias mayores.
Que los cantos de este domingo, especialmente el del inicio, contenga una buena cristología. Sobra decir, que el Cordero de Dios, debería prepararse con especial esmero.
¡Feliz domingo, y linda celebración!
Antífona de entrada Cf. Sal 65, 4
Toda la tierra se postra ante ti, Señor, y canta en tu honor, en honor de tu nombre.
Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas el cielo y la tierra, escucha las súplicas de tu pueblo y concede tu paz a nuestro tiempo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Yo te destino a ser la luz de las naciones
Lectura del libro de Isaías 49, 3-6
El Señor me dijo:
“Tú eres mi Servidor, Israel, por ti Yo me glorificaré”. Pero yo dije: “En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza”. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, habla el Señor, el que me formó desde el vientre materno para que Yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a Él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. Él dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; Yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL 39, 2. 4ab. 7-10
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé confiadamente en el Señor: Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R/.
Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”. R/.
“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón”. R/.
Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, Tú lo sabes, Señor. R/.
SEGUNDA LECTURA
Llegue a ustedes la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-3
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquéllos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 1, 14a. 12ª
Aleluya. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. A todos los que la recibieron les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Aleluya.
EVANGELIO
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 29-34
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel”.
Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”.
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”.
Palabra del Señor
Credo
ORACIÓN UNIVERSAL
S. Oremos al Señor, nuestro Padre, de quien recibimos todas las gracias.
● Oremos por la Iglesia, animada por la presencia de Cristo, para que ella sea luz para todos los que buscan la verdad y la justicia, roguemos al Señor.
● Por los gobernantes de las naciones, los de nuestra patria, para que busquen con conciencia recta aquello que favorece el progreso y la justicia de todos, roguemos al Señor.
● Por los que sufren persecución, especialmente por la defensa de los valores del Reino de Dios, roguemos al Señor.
● Por nosotros, nuestras comunidades, familias y organizaciones, para que en la búsqueda de la voluntad de Dios descubramos el sentido cristiano de la vida, roguemos al Señor.
S. Concédenos, Señor, tu gracia, para experimentar siempre tu amor y misericordia, por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, participar dignamente de estos misterios, pues cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Cf. Sal 22, 5
Tú preparas ante mí una mesa, y mi copa rebosa.
O bien: 1 Jn 4, 16
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Infunde en nosotros, Padre, tu espíritu de amor, para que, saciados con el único Pan de vida, permanezcamos unidos en la misma fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Pastoral Litúrgica