Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Liturgia del Domingo 02 de Octubre de 2022
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Domingo vigesimoséptimo del tiempo ordinario
Salterio III
Color: verde

INTRODUCCIÓN

En el evangelio de este domingo aparecen tres importantes temas: el perdón, la fe y el servicio. Vamos a concentrarnos en la fe, que aparece articulando los otros dos. 

Lo primero a resaltar, es que los discípulos, ante las difíciles enseñanzas del Señor, le piden que les aumente la fe. Ellos reconocen que la fe es un don de Dios. Es bueno comenzar aclarando que la fe es como el sol, que cada mañana ilumina a todos los hombres y mujeres por igual. Cada uno recibe esa luz y calor de distinta manera, ya sea al interior de su casa o al aire libre. Pero la luz y el calor se derraman a todos por igual. Igual cosa sucede con la fe. No es que Dios regale a unos la fe y a otros no, sino que nosotros la acogemos de distintas maneras. Importante es pensar qué cosas de nuestra vida (amigos, ambiente en que nos movemos, actividades) nos ayudan a recibir más plenamente este regalo de Dios.

A veces concebimos la fe como un conjunto de verdades ante las cuales creemos o no creemos. Aumentar la fe tendría que ver con tener un mayor conocimiento de estas verdades. Pero la fe no es eso. Por otra parte, algunos piensan que una persona que reza mucho es porque tiene más fe, pero tampoco es así: no son más ritos por cumplir. 

La fe tiene que ver con el adherir a Cristo. Concretamente, es poner la confianza en él y vivir desde la propuesta que él nos hace en el evangelio. Hemos venido escuchando estos últimos domingos importantes temas que son una verdadera forma de vida: reconocer a Dios como Padre, reconocernos hermanos entre nosotros, la relación con los bienes, el servicio, la caridad. ¿Cuán convencidos estamos de que esta propuesta es vida para nosotros? Y este convencimiento no tiene que ver con algo que decimos, sino con cómo vivimos. Tener fe consiste en confiar en que estos criterios del evangelio son verdadera vida para nosotros. Esto es lo que debe aumentar en nosotros.

Y el Señor aclara que no es que el prodigio produzca la fe, sino que es la fe la que produce grandes transformaciones en nuestra vida. Ella es capaz de sacar de nosotros aquellas heridas que han dejado profundas raíces, como las de la “morera” del evangelio de hoy, y hacer de nosotros hombres y mujeres libres. Es la fe la que nos hace perdonar a quien nos ha hecho daño. Es ella la que nos mueve a servir a nuestro hermano y compartir con él lo que tenemos. Es la fe la que hace grandes prodigios en nuestras vidas.

Antífona de entrada             Cf. Est 4, 17 

Señor, todo está bajo tu poder y nada puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres el Señor del universo. 

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso sobrepasas los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia perdonando lo que inquieta nuestra conciencia y concediéndonos aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

PRIMERA LECTURA

El justo vivirá por su fidelidad.

Lectura de la profecía de Habacuc   1, 2-3; 2, 2-4 

¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que Tú escuches, clamaré hacia ti: ¡Violencia!, sin que Tú salves?

¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión? 

No veo más que saqueo y violencia, hay contiendas y aumenta la discordia.

El Señor me respondió y dijo:

Escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido.

Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará. 

El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad.

SALMO RESPONSORIAL 94, 1-2. 6-9

R/¡Ojalá hoy escuchen la voz del Señor!

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras

SEGUNDA LECTURA

No te avergüences del testimonio de nuestro Señor.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 6-8. 13-14

Querido hijo:

Te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.

No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.

Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   1Pe 1,25

Aleluya.

La palabra del Señor permanece para siempre. Esta es la palabra que les ha sido anunciada: el Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

Si tuviera fe.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   17, 3b-10

Dijo el Señor a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo.

Los Apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. Él respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando éste regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”? ¿No le dirá más bien:

“Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.

Credo

Oración de los fieles

Elevemos, hermanos, nuestra plegaria al Señor con aquella confianza filial que el Espíritu Santo suscita en nuestros corazones.

Para que la Iglesia, mediante la santidad de sus fieles y el celo de sus ministros, anuncie a todos los hombres y realice en todos los pueblos la salvación de Dios, roguemos al Señor.

Para que el Señor ayude a los gobernantes, a fin de que se logre en todas las naciones la paz, el desarrollo, el progreso y la libertad religiosa, roguemos al Señor.

Para que las naciones que sufren a causa de las guerras vean alejarse de sus pueblos las crueldades, la violencia, la destrucción y las lágrimas, roguemos al Señor.

Para que el Señor ilumine los ojos de nuestro corazón, a fin de que sepamos descubrir la esperanza de gloria a la que nos ha llamado, roguemos al Señor.

Señor, Dios todopoderoso, dispuesto a siempre escuchar las oraciones de los que tienen fe como un grano de mostaza, danos un corazón humilde, de tal forma que, después de haber contribuido con nuestro esfuerzo al crecimiento de tu reino, nos reconozcamos siervos inútiles y proclamemos con humildad las maravillas de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Recibe, Señor, la oblación instituida por ti y, por estos sagrados misterios que celebramos, danos la gracia de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Antífona de comunión         Lam 3, 25 

El Señor es bondadoso con los que esperan en él, con aquellos que lo buscan. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Dios todopoderoso, sácianos con el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, para que nos transformemos en aquello que hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


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